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17 10 2013
Isabel Bezanillia, Carlos Donadon y Karina Soria: “La militancia no está separada de la vida”

Isabel, Carlos y Karina son trabajadores del Espacio Memoria desde enero de 2005, poco tiempo después de que el ex presidente Néstor Kirchner abriera las puertas del predio de la ESMA y anunciara la creación del Espacio Memoria y Derechos Humanos. En esta entrevista colectiva, cuentan cómo cambió sus vidas la experiencia laboral en el predio y cuál es su compromiso con la construcción de la memoria.


¿Cuándo comenzaron a trabajar en el Espacio Memoria?

En enero de 2005 se abrieron las puertas para trabajar aquí. Los tres llegamos medio por casualidad; nos enteramos que estaban tomando gente para trabajar aquí. Cuando nos hicieron la entrevista previa comenzamos a tomar verdadera conciencia de lo que había sucedido en este lugar durante la dictadura. Hasta 2007 convivimos con la Marina. El predio estaba dividido en dos, separado por unas vallas. En ese contexto entramos a trabajar, y fue bastante duro. A todos nos costó mucho, no sabíamos mucho de la dictadura, al igual que otros argentinos, y apenas sabíamos de los desaparecidos. Ahora sabemos que la dictadura intentó ocultar todas las barbaridades que hizo, lentamente nos fuimos enterando las atrocidades que se hicieron acá. 

¿Qué es lo que sabían de lo sucedido en este sitio?

Algo habíamos escuchado, pero no teníamos una idea muy clara de lo que había hecho la dictadura. No tuvimos militancia, ni en las décadas de 1960 y 1970 ni posteriormente en los organismos de derechos humanos. De todos modos, ya en la primera entrevista de trabajo nos fueron explicando y cuando comenzamos a trabajar tuvimos varias charlas en las que nos ampliaron todo lo que había sucedido en la ESMA y nos llevaron al Casino. Eso fue muy bravo, no podíamos creerlo. De todas formas, lo más significativo lo fuimos aprendiendo con nuestra propia experiencia de trabajo. Fuimos entendiendo lo que fue la dictadura cívico-militar, el terrorismo de Estado. Y también la gente que entraba se desahogaba con nosotros.   

¿Cómo fue convivir con la Marina durante los primeros años?

Al principio la convivencia con ellos fue realmente insoportable. Fue muy difícil, el predio estaba dividido por vallas. De un lado estábamos nosotros y del otro los militares. Ellos intentaban asustarnos, nos interceptaban los handies, nos tiraban piedras, panes duros, cargaban las armas cuando pasábamos cerca. Fue terrible. No sólo fue duro sino que fue muy desagradable. Nos gritaban insultándonos y nosotros siempre debíamos retroceder. Ellos estaban armados y nosotros no. El día que se fueron lo hicieron llenos de odio. Rompieron los edificios, los vidrios, se robaron la grifería, los sanitarios, destruyeron los colchones. 

¿Cómo fueron procesando en sus propias vidas la experiencia de trabajar en un lugar como éste?

Los tres desconocíamos gran parte de lo que había sucedido en este predio. Lo primero que sentimos fue una enorme sorpresa. Tenemos obsequios que nos fueron dando familiares de los desaparecidos que para nosotros son sagrados. Fuimos viviendo la transformación del predio. Al principio las actividades eran sólo los sábados con algunas visitas guiadas. Luego se fue abriendo el ECuNHi, el Conti, se fueron sucediendo las actividades, y nosotros lo vivíamos con gran alegría. Aunque cada lugar nuevo tiene su particularidad, todo lo que se hace aquí en el Espacio lo sentimos como propio. Nos enoja cuando la gente habla sin saber lo que pasa aquí adentro. A nosotros nos cambió totalmente la vida, no somos los mismos que cuando entramos a trabajar hace ocho años. Esto es un premio que nos dio la vida. El lugar es verdaderamente hermoso, los árboles, el aire, los pájaros, la energía que hay, es como un microclima. Uno entra y se empieza a sentir bien. Queremos mucho a este lugar y tratamos de dar lo máximo que podemos a todos los que vienen. Sentimos que estamos construyendo la memoria, que somos parte del proyecto de memoria, verdad y justicia. Es un acercamiento a la historia, cuidamos algo para que nunca se olvide. Es como un patrimonio sensible. Fuimos cambiando muchísimo y repercutió en nuestras familias, trajimos a nuestros hijos o nietos. Esto te demuestra que la memoria no es algo estático ni fijo, que va cambiando. 

¿Qué les sucede cuando cuentan que trabajan aquí?

Es raro contar que trabajamos acá. Hay que explicar que no es más la ESMA,  que ahora es el Espacio para la Memoria, que no es un museo sino un espacio participativo donde las personas interactúan con lo que sucede y sucedió acá adentro. También les damos a nuestros hijos o nietos todo el material que hay acá para que lo lleven al colegio. Somos difusores de lo se hace aquí. 

¿Cómo ven a la población en relación a la temática de los derechos humanos y la política de memoria, verdad y justicia?

Pensamos que se ha avanzado muchísimo. Lo vemos aquí en el Espacio, al que entra cada vez más gente, lo cual es incomparable con lo que sucedía al principio. Vienen muchas personas espontáneamente y también muchísimos extranjeros. Creemos que hubo un cambio cultural que puede verse incluso en los planes de estudio de cualquier colegio secundario y primario de todo el país. Lo vemos cuando las escuelas vienen a hacer las visitas guiadas por el Casino y los chicos, que están muy informados, preguntan cosas interesantes. 

Por último, ¿qué sienten por trabajar aquí?

Estamos felices de trabajar aquí. Nos gusta venir todos los días, nos sentimos muy bien, no nos entra en la cabeza irnos de aquí. Estamos en el lugar donde nos sentimos cómodos, somos parte de un proyecto. Es un regalo de la vida estar trabajando aquí. Nosotros nos transformamos, cambiamos como personas, somos difusores de lo que pasa en el Espacio. La militancia no está separada de la vida.

 

Por María Freier (para el Espacio Memoria, en comisión desde Télam)




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