Megacausa ESMA INICIO EL JUICIO DÍA A DÍA DOCUMENTACIÓN
INICIO CONTACTO ENGLISH PORTUGUÉS

25 06 2013
Victoria Basualdo: “La dictadura se propuso desmantelar décadas de conquistas de la clase trabajadora”

Victoria Basualdo es investigadora del CONICET y del Área de Economía y Tecnología de FLACSO y Profesora en la Maestría en Economía Política (FLACSO). Doctora en Historia por la Universidad de Columbia (Nueva York), su tesis “Labor and Structural Change: Shop-floor Organization and Militancy in Argentine Industrial Factories (1943-1983)” analizó la historia de organización sindical de base en grandes fábricas industriales en la Argentina.


En la entrevista, aborda la relación entre poder económico, organización de base de la clase trabajadora y la represión y pone el foco sobre las distintas aristas que conformaron el entramado económico-político-cultural que significó la última dictadura cívico militar en la Argentina. También reflexiona sobre la trascendencia de los juicios de lesa humanidad que se están desarrollando en todo el país.

¿Cómo describiría los mecanismos represivos implementados por la última dictadura contra las organizaciones de trabajadores? ¿Por qué utiliza el concepto de “revancha de clase”?

En mi tesis doctoral abordé la historia de los delegados y las comisiones internas en las grandes fábricas industriales. Desde esa perspectiva, analizo la serie de transformaciones que significó para los trabajadores el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Y hablamos de “revancha de clase” porque a mediados de los años 1970 se produjo una ruptura muy fuerte, que transformó de una forma muy fuerte la relación entre capital y trabajo. El Rodrigazo de 1975 fue una etapa preparatoria, porque se implementó un ajuste económico y los trabajadores se resistieron a esas medidas. Aún así, el 24 de marzo es un punto de quiebre muy importante, y no porque no haya habido represión antes. Claramente la hubo: fue rotunda en Córdoba, en Tucumán, en el cordón industrial del Gran Buenos Aires. Y comenzó una desarticulación de ese proceso muy enérgico que había tenido en el Cordobazo un punto decisivo. Pero la ruptura que se produce a partir del 24 de marzo tiene que ver con la confluencia de distintas líneas de política laboral, económica y represiva que produjeron transformaciones profundas en la estructura económica y social.

¿En qué sentido? 

Bueno, se pasa de un proceso de radicalización política y movilización social y obrera muy fuerte a una etapa de fuerte disciplinamiento y de reformulación brutal de las relaciones de poder.  Hay algunas trayectorias que ilustran esto muy claramente. El caso de René Salamanca es emblemático, tanto en términos de la militancia sindical combativa, como porque fue considerado por muchos el primer desaparecido por la última dictadura. Previamente, se había registrado la intervención de la Regional de SMATA Córdoba y la persecución por parte del SMATA Nacional de José Rodríguez abrió las puertas para su persecución durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón y para su posterior desaparición el 24 de marzo de 1976. Salamanca es un exponente muy claro de esta radicalización que tiene en el Cordobazo un punto de expresión muy elevado y que luego continuó en el Viborazo. Pero la ruptura del golpe de 1976 radica en la estructuración de un Estado terrorista que no estaba presente en la represión previa, que si bien había sido muy cruenta, no tenía estas características, y en la articulación de esto con la interrupción de la industrialización sustitutiva y un cambio radical de modelo económico. La dictadura militar se propuso desmantelar décadas de reivindicaciones y conquistas de la clase trabajadora en lo que se refiere a sus derechos de organización y protesta.

¿Qué resistencias intentó generar la clase trabajadora?

No sólo se prohibió la huelga, también se impidió cualquier tipo de actividad sindical y de medidas de lucha. Y sin embargo existió un amplio arco de formas de resistencia, de distinto tipo y con distintas motivaciones: hubo trabajo a desgano, trabajo a tristeza, formas encubiertas de huelga y que sucedieron en muchísimos lugares. En el Sindicato de Luz y Fuerza hubo una huelga legendaria que terminó con la desaparición de Oscar Smith en febrero de 1977. También se fueron llevando adelante una cantidad enorme de medidas de protesta que tuvieron esta modalidad, en un marco de extrema persecución sindical: acciones como los sabotajes u otras formas de organización petitoria. La figura del delegado sindical de base es muy significativa. Esta representación sindical de base, que en algunos casos se había ido desarrollando previamente, en las primeras décadas del siglo, se había expandido a la mayor parte de las actividades económicas durante el peronismo, articulándose con un movimiento sindical de una considerable verticalidad. Es decir, gremios de organización industrial de base nacional centralizada, un sindicato por ramas y con una confederación general muy sólida, la CGT tenían también una presencia importante en el lugar de trabajo, a partir de los delegados y las comisiones internas. Es toda esta estructura la que se puso en jaque durante la dictadura, porque si bien muchos sindicalistas de los sectores más ortodoxos habían colaborado con la represión a los trabajadores antes del golpe, la dictadura tiene como objetivo a la clase trabajadora en su conjunto. Sin duda que son los sectores más combativos a los primeros que va a buscar, como es el caso de Salamanca, y hay una cantidad de fábricas donde va el Ejército a partir del 24 de marzo e instala la represión, pero al mismo tiempo muchos de los líderes, incluso muchos conciliadores, son también perseguidos y disciplinados por distintos medios. Y esta represión no fue llevada adelante únicamente por las fuerzas armadas, sino también por parte de la elite empresaria. Son muchos los casos donde se ve con claridad esta confluencia entre el poder económico y el poder militar en la represión contra los trabajadores. 

¿Qué características tiene ese  vínculo entre el poder económico, las Fuerzas Armadas y el terrorismo de Estado?

Existe cierta tendencia a considerar que la represión se focalizó en la radicalización de los sectores estudiantiles y en las organizaciones políticas armadas; sin embargo, se olvida que ese proceso tuvo una vinculación con la movilización creciente de la clase trabajadora. No hay que quedarse con una u otra tendencia, sino observar las articulaciones que hay entre ellos, que tampoco son lineales ni sencillas. Al mismo tiempo, hay en algunas visiones cierta predisposición a correr de un plano importante las responsabilidades de las Fuerzas Armadas, lo cual es un error. Las fuerzas militares tuvieron un enorme poder y signaron la vida política argentina. . De ningún modo hay  que olvidar el enorme poder que tuvieron y cómo signaron la vida política argentina. Y al mismo tiempo, sin subestimar de ningún modo al poder militar, es también fundamental entender el entramado de distintos poderes que sostuvo a la dictadura y en ese sentido me parece que visualizarlo desde el punto de vista de la historia de los trabajadores, se hace absolutamente ineludible. Desde mediados de los años 70 se produjo en cambio un proceso de desindustrialización, de reestructuración regresiva y de concentración económica. Al mismo tiempo cambia el papel de la deuda externa, que pasa a estar asociada al proceso de valorización financiera y presenta un crecimiento exponencial, de aprox. 8.000 a más de 40.000 millones durante la dictadura militar. Estas transformaciones económicas ponen en cuestión las bases estructurales del poder que la clase trabajadora industrial había podido mantener previamente, aún en los momentos de persecución y represión. De hecho, había podido dar una fuerte disputa entre el 55 y el 73, y a mediados de los años setenta, aún después de una enorme represión, la clase trabajadora tenía una participación muy alta en el Ingreso Nacional, cercana a los 47 puntos del Producto Nacional. Esa recuperación de la participación de los asalariados en el ingreso estaba en el núcleo del debate y la lucha política. 

¿Qué representa la posibilidad de desarrollar actualmente los juicios por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura?

No soy especialista en el tema de los juicios, así que comparto sólo algunas reflexiones tentativas. Mi impresión es que un aporte importante de estos procesos es la posibilidad de enmarcar lo que muchas veces se vive como una experiencia individual, sobre todo en aquellas situaciones de represión muy dura, en un marco más amplio. Estas historias  se vivieron durante muchas décadas como experiencias vergonzosas que había que ocultar en el marco social y hasta familiar. Efectivamente el establecimiento de los derechos humanos como una política de Estado permitió una apertura muy grande. En muchos casos con los que me encontré en las investigaciones, el cambio de contexto impulsó a que la gente se decida a hablar, a encontrarse con otros y esto permitió avanzar en la ardua tarea de reconstruir las historias particulares como parte de una historia colectiva. Por otro lado, se abren nuevas líneas muy importantes, como el papel de las empresas, que está también empezando a entrar en la agenda de los juicios. Hay causas vinculadas con Ford, con Mercedes Benz, con Ledesma, con La Nueva Provincia, entre otros. Todas son causas que están vinculadas con trabajadores. En el caso de los juicios de Tandil, por ejemplo, se recomendó investigar a Loma Negra. Creo que estas líneas permiten recuperar una dimensión de clase de esta historia, que durante mucho tiempo estuvo perdida o al menos marginada.

¿Qué es lo que aún sobrevive de las estructuras represivas? 

Los juicios vienen a mostrar la pervivencia de poderes muy fuertes en las distintas localidades del país, como se observa en la represión que actualmente sufren pueblos indígenas de distintas provincias. Hay quienes piensan los juicios son sobre el pasado. Muchas de las críticas “a la vuelta a la dictadura” tienen que ver con “córtenla con esto, que esto ya pasó”. Pero los juicios exponen un entramado que todavía requiere ser modificado y ésa es la pelea. Claramente la Argentina tuvo un proceso desde mediados de los años setenta hasta 2001, que significó un enorme retroceso en términos sociales y económicos. Pero hubo muchos a los cuales les fue muy bien. Entonces creo que poner la lupa en estos sectores económicos que estuvieron conduciendo este proceso de enorme involución para los sectores populares -y de formidable crecimiento para ellos- nos abre la posibilidad de cuestionar el entramado de poder. No sólo de lo que fue en aquel momento, sino del actual. Estuvimos, desde el Área de Economía y Tecnología, colaborando con el CELS en la inmensa tarea que hicieron en el juicio por el asesinato de Mariano Ferreyra, y pensaba que ese juicio, que para mí fue histórico y de enorme importancia, es también heredero de todo el trabajo hecho por los organismos, no sólo por el involucramiento de uno de ellos como representantes de la familia de Mariano, sino por cómo se encaró el caso. Se intentó no sólo abordar el crimen específico sino el entramado de procesos y relaciones en las que tuvo lugar. Creo entonces que estos juicios también se convierten muchas veces en una instancia de análisis de una problemática a nivel social. Creo entonces que los juicios aportan a los debates y al conocimiento de lo que sucedió en la dictadura, y permitieron darle voz, aunque en un ámbito que no siempre es el más amigable ni favorable, a un montón de gente que hasta ese momento no se animaba a hablar. Muy recientemente, los procesamientos de Carlos Blaquier, Vicente Massot, los directivos de Ford marcan un avance y permiten ver los entramados más allá de los casos individuales. Es decir, las tramas de poder, los pliegues. Esto no quiere decir que sea algo cristalino y absolutamente evidente para los testimoniantes, pero creo que vamos avanzando y que los logros son muchos...  En este contexto, creo que es importante destacar que en la sociedad argentina el nivel de rechazo de las violaciones masivas a los derechos humanos es muy significativo y notable. Se trata de un gran logro de los organismos, porque hay un repudio generalizado a lo que hizo la dictadura. Ahora de ahí a acompañar en los juicios, queda un largo camino. Por supuesto hay discusiones y oposición en varios sectores a la política del gobierno en materia de derechos humanos, hay una gran cantidad de posiciones y matices al respecto que creo que reflejan la heterogeneidad social. Pero creo que la sociedad comparte un rechazo básico hacia estas violaciones flagrantes y extremas de los derechos humanos, y  esto es un enorme triunfo y un alivio, y sin dudas un punto de partida muy importante para seguir avanzando.

Por María Freier (para el Espacio Memoria, en comisión desde Télam)




Otros artículos de Opinión

MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos
Av. del Libertador 8151 | Tel. 4702-9920 | Ciudad de Buenos Aires (C1429BNC) Argentina | SEO | Todos los derechos reservados 2011


LICITACIONES Y COMPRAS