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19 06 2018
Charo Bogarín: "La música me conecta con mis raíces"

La cantante y compositora dialoga sobre la importancia de difundir la cultura de los pueblos originarios.


Comprometida con su sangre nativa y su historia de vida, la cantautora Charo Bogarín cuenta que en la música encontró la herramienta perfecta para poder transmitir la cultura de nuestros pueblos indígenas. Es así que junto a Diego Pérez pusieron en marcha el dúo musical Tonolec, en el que lograron fusionar la cultura ancestral con la cultura moderna, a través la música electrónica y el canto nativo. De forma paralela, también lanzó en 2017 su disco solista “La Charo”.

¿Cómo nace la idea de rescatar la historia de los pueblos originarios por medio de la música? 

Todo comienza después de siete años de ser periodista y creer que ahí estaba mi aporte al compromiso social. En eso me viene el recuerdo de la imagen de mi padre y su ausencia. Un hombre de 29 años, que desaparece en la ciudad de Clorinda, Formosa, durante la última dictadura cívico militar, por defender a capa y espada o a palabras y convicciones sus valores y creencias políticas. Mi padre fue fundador de una escuela de danza de folklore en Formosa. Y eso tuvo que ver en mi decisión de volcarme a una expresión, el canto, que considero que es mi fuerte y me permite transmitir mis pensamientos. 

En el compromiso con los sectores vulnerables, en mis raíces y mi sangre guaraní, encontré ese lugar, donde para mí no hay banderas políticas ni separaciones, sino que propone, a través de un mensaje, un recorrido hacia nuestro pensamiento profundo y nuestra identidad. La música es la herramienta más perfecta que encontré que me conecta con mi sentir y con mis raíces. Ahí, me encontré con mi sangre nativa y con el trabajo de los pueblos originarios. Empecé a abrevar en ese contenido y a ser difusora, a través de la música, de esa cultura, la de los pueblos originarios que está realcionado con una construcción de identidad. La música me permite construir y difundir una identidad cultural de manera poderosa a través del sentimiento, no de la razón, y eso penetra mejor en el mensaje. 

¿Lo que ocurrió con su padre hizo que tomara un vínculo más fuerte con la música? 

Sin duda, cada uno elige sus trincheras y me di cuenta que la trinchera de mi padre, Francisco Javier Pancho Bogarín, era la palabra, era un gran orador. A los 29 años fue congresal nacional por Formosa, fue uno de los principales oradores de esa provincia, es decir, la palabra fue su arma, su herramienta. Como joven era muy idealista e incorrecto, y eso llevó a que sea el único desaparecido joven en nuestro lugar, Clorinda, Formosa. Primero entendí su trinchera y después fui buscando la mía. Al principio pensé que mi lugar de lucha iba a ser el periodismo y luego tuve ese alumbramiento de saber que tenía que ser a través del arte, esta disciplina que transforma y que uno está menos sujeto a corromperse o alejarse de su ideología. Ahí entendí que nuestras luchas y nuestro compromiso son los mismos, pero mi trinchera es la música y el canto, ese es mi lugar de poder, de poder curar, de poder transformar, y ese es el poder que importa no el de la fama, el del éxito o el económico. En ese sentido, me siento poderosa, de poder estar al servicio de una causa que va más allá de nosotros mismos. 

¿Cómo surgió Tonolec?

Se trata de un proyecto musical que creamos con Diego Pérez hace varios años. Nuestro trabajo es una conciliación con nuestra cultura ancestral y la moderna, lo europeo con lo nativo de nuestro suelo. La idea es que ambas culturas puedan convivir de manera armónica. Nuestro objetivo es transmitir este mensaje, que se puede convivir y ser lo que somos: argentinos, sin defenestrar nuestra parte nativa ni la europea. 

Tonolec logra mixturar de manera armónica esos dos elementos y ejemplificarlos a través de la música, combinando ritmos acústicos, electrónicos, nativos y modernos. Esto lo ejemplificamos también en el escenario con nuestras estampas, en mi caso con la sangre nativa que traigo y mi porte con rasgo indígena y Diego más español y europeo. Y la armonía de esa convivencia es posible. 

No es sólo la garganta la que canta sino todo el cuerpo transmite. Las vestimentas también comunican, desde nuestros inicios, la cuestión de indumentaria siempre fue muy importante porque nuestros pueblos originarios también lo usan, cada vez que hay ceremonias, se ponen sus ajuares y sus vestidos.

 ¿Cómo es la metodología de trabajo? 

No basta solo con decir que uno tiene sangre nativa para transmitir cultura también hay que interiorizarse sobre esas culturas, sobre todo si estamos hablando de culturas ancestrales que están vivas en nuestro suelo argentino. El método de trabajo de Tonolec y en particular lo que yo hago tiene que ver con ir a las comunidades, no se trata de una convivencia sino de una visita asidua a esos lugares, en donde te abren las puertas y te van contando y cantando y vas aprendiendo en tiempo real lo que luego vamos a transmitir. 

Con Diego comenzamos en 2000 y recién sacamos el primer disco en 2005. Es decir, llevó cinco años aprender en tiempo real las canciones, poder pronunciarlas, conseguir un diccionario toba y buscar un maestro que me enseñe guaraní. Por otro lado, Diego buscó la manera para que toda esa parte moderna y electrónica pueda convivir con estos cantos nativos e ir entretejiendo con un lenguaje ancestral. El trabajo empieza con los mundos nativos y modernos, electrónicos y contemporáneos. Damos a conocer esta propuesta musical que está en armonía y que denota profundidad. Hay una investigación, un amor y un respeto muy profundo en todo esto que transmitimos, que son nuestros cantos nativos con una mirada de artistas de esta generación. 

Su música permite acercar al público la historia de los pueblos originarios de forma dinámica, buscando reactualizar nuestras memorias y nuestras identidades, ¿cuál es la importancia de realizarlo de esa manera? 

En nuestro camino nos encontramos con personas que creen que lo ancestral no debe ser sacado de esa vitrina y no debe ser resignificado por las nuevas generaciones y lo toman como una falta de respeto. Para nosotros la falta de respeto es creer que nuestros pueblos originarios y su cultura son elementos de museo, en donde uno se acerca y mira a esas culturas como si estuvieran muertas. Las culturas vivas tienen movimiento y ese movimiento se lo damos nosotros, entonces el cambio es inminente y nuestra propuesta se remite a ello. Creo que la mayoría de nuestra sociedad lo entendió, por eso Tonolec sigue su camino. A nosotros siempre nos han inculcado una versión europeizante sobre los pueblos originarios en el que los exponen como una barbarie y la civilización son los que han desembarcado acá. Eso tiene que ver con un pensamiento que no es propio sino que está alienado y colonizado y ya tenemos mucho trascurrido para lograr rebatir estos discursos que quedan obsoletos. Hay que tratar de ser lo más genuinos y lo más verdaderos posibles y somos muchas las personas que estamos de este lado, tratando de concientizar y revertir el discurso.

¿De qué se trata su trabajo como solista “La Charo”, inspirado en referentes de la música popular latinoamericana? 

Está relacionado con un transcurrir natural del tiempo y de mi carrera. Siguiendo el camino de profundización de Tonolec y vestida de estos ropajes que tienen que ver con nuestra identidad cultural, fronteras y tierra adentro, he tomado la decisión de salir a caminar por nuestra Latinoamérica. Un peregrinaje que tiene que ver con hermanar el canto, unir las voces, las fuerzas y los pensamientos. Conocé tu aldea y conocerás el mundo, en esa línea creo que es tiempo de salir, de transitar países de Latinoamérica, hermanar ese canto, aunarme y sentirme identificada con las luchas de esas mujeres como Chabuca Granda de Perú, Lhasa de Sela de México, Violeta Parra de Chile que desde su lugar, el canto, se han comprometido socialmente, en su época y en su territorio.

 




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