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22 06 2017
Victoria Basualdo: “La tercerización laboral comenzó a expandirse con las dictaduras de los años setenta”

Victoria Basualdo es investigadora del CONICET y doctora en Historia por la Universidad de Columbia (Nueva York). En el marco del Área de Economía y Tecnología de FLACSO Argentina, coordina el “Programa de estudios del trabajo, movimiento sindical y organización industrial”.


Allí desarrollan investigaciones formuladas desde el campo de la historia y otras ciencias sociales (antropología, sociología, ciencias políticas, derecho laboral) para comprender las transformaciones de la estructura económico-social en las últimas décadas. El programa ha avanzado, no sólo en investigaciones de orden individual, sino también en proyectos de equipo más vastos como por ejemplo el de la tercerización laboral en Argentina y América Latina. También trabajan sobre la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad y la represión a los trabajadores durante el terrorismo de Estado en Argentina.

 

El último 29 de mayo se cumplieron 48 años del Cordobazo. ¿En qué sentidos estos hitos de la clase trabajadora resultan relevantes para el campo de la memoria y los derechos humanos?

El aniversario del Cordobazo es una fecha muy importante para conmemorar desde el campo de los derechos humanos y los estudios sobre dictaduras. No sólo porque recuerda la lucha de la clase trabajadora de nuestro país como un tema central en el largo plazo, sino también porque nos convoca a analizar procesos desde un conjunto de miradas y aristas, proponiendo un diálogo mucho más fuerte de las dimensiones políticas de la instalación de dictaduras en nuestro país y en relación con las transformaciones económicas y sociales. El Cordobazo nos recuerda el protagonismo y la incidencia que tuvieron los trabajadores y sus organizaciones en la historia de nuestro país; y cómo la lucha de crecientes sectores de los trabajadores, muchos de ellos identificados con el sindicalismo combativo, conmovió muy fuertemente la escena política. Esto llevó al desplazamiento del general Onganía y su reemplazo por Roberto Marcelo Levingston, proceso que culmina con la asunción de Lanusse y la transición a la democracia en 1973 (de duración muy breve y de características muy complejas). 

El Cordobazo remite a un tiempo que se caracteriza por una cantidad de luchas obreras y sociales que de algún modo terminaron configurando distintos proyectos de país, en contra de los cuales se articuló la respuesta brutalmente represiva a partir del 24 de marzo de 1976. Conmemorar este aniversario desde los espacios de memoria puede ser útil para pensar y discutir las implicancias de la dictadura poniendo en diálogo lo político, lo económico y lo social. Es aún hoy una tarea pendiente en distintos ámbitos académicos en la Argentina y en América Latina. Vincular estos distintos niveles de análisis es muy complejo, porque implica desafiar divisiones disciplinares, de perspectiva y de metodología que promueven la mirada individual y la especialización. Poner en diálogo los hallazgos con otros equipos, otros campos y otros procesos implica caminar en una dirección diferente a la habitual. 

¿Cómo vienen trabajando en el diálogo entre campos académicos diferentes? 

En encuentros académicos y procesos de trabajo con investigadores de Brasil, Uruguay y de Chile, encontrábamos enormes puntos en común respecto a las dificultades que hubo por muchas décadas para incorporar, en el análisis de las dictaduras, el papel de la clase trabajadora. En general existen resistencias para encontrar formas de vinculaciones, por cierto interesantes y complejas, entre el campo político y el campo económico para este análisis. Se hace necesario avanzar en este sentido para no correr el riesgo de caer en explicaciones simplificadoras. Desde el campo de los estudios políticos hay críticas fuertes a explicaciones centradas en los factores económicos a las que consideran puramente económicas y mecanicistas, e incluso reduccionistas. Desde mi perspectiva, cualquier explicación que se refiera a un solo nivel de análisis tiende a una simplificación, por lo cual explicar procesos tan complejos implica el desafío de encontrar formas de articular todas las dimensiones, aprovechando contribuciones de distintos campos, equipos, escuelas e investigadores y rompiendo barreras tanto de especialización cronológica como disciplinaria, temática y territorial. 

Sin dudas esto es de una enorme complejidad, porque los procesos de las dictaduras en América Latina fueron altamente diversos, con temporalidades y características muy distintas. Pensemos que la dictadura en Brasil fue del año 1964 hasta 1985; la de Paraguay comienza en el año 1954 hasta 1989; en Chile desde 1973 hasta 1990; en Uruguay desde 1973 a 1985, sólo por mencionar algunos casos. En nuestro país tuvimos distintos ciclos dictatoriales. La última dictadura, que se extendió entre 1976 y 1983, no sólo se destacó por su profundidad represiva, sino también porque tuvo lugar en el marco de un cambio estructural a nivel internacional y regional. Sin embargo, sería sin dudas muy relevante analizarla no aisladamente sino en diálogo con la dictadura iniciada en 1955 y con la que empezó en 1966, y también con los gobiernos intermedios marcados por la proscripción política del peronismo que, a pesar de sus grandes diferencias, compartieron el intento de reconfigurar el papel de la clase trabajadora y el movimiento sindical. 

Desde la perspectiva en la cual estamos trabajando con otros historiadores que se especializan en el tema de trabajadores y dictaduras en América Latina, nos parece que es crucial abordar las distintas experiencias nacionales no en términos comparativos, sino en función de sus conexiones y dinámicas tanto similares, como diferentes. Así como las investigaciones y el proceso judicial sobre el Plan Cóndor pudieron demostrar la articulación regional de la represión de distintas dictaduras de América del Sur, que sería interesante también trascender los marcos nacionales en otras cuestiones más generales. En el tema que nos convoca, que es el estudio de dictaduras y sus impactos sobre los trabajadores y los movimientos sindicales, resulta importante analizar las vinculaciones, bastante más tenues y cambiantes a lo largo del tiempo, en un proceso de transformación en América Latina. Somos muchos a los que nos parece muy interesante intentar analizar las experiencias nacionales de manera más compleja, introduciendo la radicalización y movilización de los trabajadores, como fue el Cordobazo por ejemplo, en un tiempo de auge de luchas de lo que en muchos casos se llamó “la rebelión de las bases” y en ese marco poder comprender a qué cuestiones y objetivos responden los procesos represivos, sobre quiénes se ejercieron y con qué consecuencias, no sólo inmediatas y en términos de formas represivas, sino también en términos de las transformaciones económicas y sociales. 

¿Cuáles son esas dinámicas regionales que vienen investigando?

Desde FLACSO estamos intentando avanzar hacia esta mirada regional en dos grandes líneas de investigación. Una línea tiene que ver con el tema de dictadura y trabajadores, dentro de la cual participamos en un proyecto focalizado en el tema de Responsabilidad Empresarial y Delitos de Lesa Humanidad. Fue un proyecto interinstitucional que tuvo lugar entre 2014 y 2015, entre el Área de Economía y Tecnología de FLACSO, dos instancias estatales (el Programa Verdad y Justicia y la Secretaría de Derechos Humanos, ambas enmarcadas en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos), y el CELS. Este estudio implicó un trabajo enorme de sistematización, análisis e investigación de archivo, fuentes de prensa y entrevistas orales, que analizó 25 casos de empresas de distintas actividades económicas en diversas regiones del país, y permitió documentar distintas formas de participación de empresarios en la represión a los trabajadores durante la última dictadura, en un libro de dos tomos y más de mil páginas, publicado por la editorial Infojus en diciembre de 2015. Esta investigación, que constituyó un gran y valioso avance que aprovechó y conjugó aproximaciones previas sobre estos temas con nueva investigación sistemática por parte de un equipo interdisciplinario, abrió un camino amplio no sólo para la historia de los trabajadores en la Argentina, sino que también abrió la posibilidad de vincular estas evidencias con aproximaciones sobre otros países en América Latina. A la hora de construir esta perspectiva regional nos proponemos tratar de entender cuáles son los vínculos entre unos procesos y otros, dilucidar si existen conexiones o influencias entre ellos y si hay grandes tendencias o etapas que puedan pensarse con algunas líneas en común. Es decir, a partir de estudios en profundidad, nos preguntamos por qué mirada de conjunto surge, intentando evitar la comparación, que muchas veces fuerza contrapuntos y perfiles específicos para las trayectorias, o tiende, en otras ocasiones, a mostrar casos como ideales, como clásicos en términos normativos; señalando a los que se apartan de ellos como desviaciones. El caso argentino, por ejemplo, ha sido frecuentemente mostrado como un ejemplo de referencia, tanto en lo que se refiere a los procesos de memoria, verdad y justicia, como en cuanto a la intensidad del proceso de represión, su virulencia e impactos. Pero aunque recupere elementos muy significativos y relevantes, el encasillamiento a veces obtura la apreciación de otras cuestiones. La focalización y énfasis en los casos de mayor intensidad represiva, deja en un segundo plano a los que supuestamente tuvieron menor intensidad, diciendo que algunas dictaduras no fueron tan sangrientas como otras, es decir focalizando la búsqueda de determinados formatos represivos. Nosotros tratamos de evitar este tipo de camino para poder analizar las lógicas de cada uno de los procesos. Este marco el análisis de cada proceso nacional en términos complejos, viendo en cada uno de ellos su lógica y su importancia, nos lleva a determinar cuáles fueron las disputas que se encontraron en cada uno de los casos. 

Pero aún considerando cada uno de los asuntos nacionales en su complejidad, puede iluminarse en la mirada de conjunto un proceso regional muy amplio que tiene puntos en común muy significativos. En primer lugar, y para la periodización de las cuestiones estructurales resulta muy marcada la coincidencia en las grandes etapas de la historia económica en América Latina. 

¿Podría explicarnos cuáles son estas etapas?

La primera etapa que diferenciamos es la de industrialización sustitutiva en América Latina entre los años 30 y los 50 con un eje central en la industria alimenticia, en la textil y en la industria liviana; y la segunda etapa de industrialización sustitutiva con un eje en el sector automotriz, en el sector químico y en el complejo metalmecánico, ocurrido entre mediados de los años 50 y mediados de los 70. Esta segunda etapa coincidió con la que se denomina “la edad de oro del capitalismo”: expansión de la producción a nivel internacional pero además de una gran ampliación de derechos a los trabajadores (por supuesto con diferenciales importantes entre territorios, sectores y también de género). Es una etapa que coincide incluso con una creciente radicalización política y social. Se ha escrito muchísimo sobre esta época y desde distintas perspectivas; donde el punto en común dentro de estos análisis es el reconocimiento de la centralidad de la disputa en torno al lugar que ocupa la clase trabajadora en la economía, en la sociedad y en la política. 

A la hora de analizar el gran marco temporal que abarcan las dictaduras en América Latina entre los años ´50 hasta fines de los años ‘80/90 vemos entonces que esta etapa está dividida en dos sub-etapas con fuertes diferencias en términos estructurales: la segunda etapa de la industrialización sustitutiva presenta características estructurales muy distintas a la etapa que se inicia con las transformaciones del capitalismo de los años 70, lo que desde algunas perspectivas se denomina el paso del fordismo al postfordismo. En este marco uno podría ver muchos procesos que en general se plantearon como antitéticos, por ejemplo las diferencias entre las dictaduras argentina y brasileña. En general lo que se esbozó es que la dictadura brasileña fue llevada adelante por militares nacionalistas que promovieron la profundización del proceso industrial. Pero cuando uno ubica esta temporalidad se ve que el “milagro brasileño” bajo dictadura no coincidió temporalmente con la última dictadura 1976-1983, sino que fue contemporáneo al proceso de profundización de la industrialización sustitutiva bajo la dictadura de Onganía, la autodenominada “Revolución Argentina”. 

Vale decir que estamos hablando de etapas económicas distintas; porque no sería correcto ni posible comparar a la dictadura de 21 años en Brasil con la de siete años en el caso argentino, ubicada en un período distinto. En todo caso, el diálogo o la comparación implica el análisis de un período en común de manera en que podamos realizar este diálogo de manera correcta, analizando dentro del período los procesos específicos, lo cual implicaría en todo caso poner en diálogo la dictadura brasileña con dos dictaduras en el caso argentino (1966-1973 y 1976-1983). Entonces lo que sí puede encontrarse es un eje común: la preocupación y la ofensiva contra la clase trabajadora. En los análisis sobre la doctrina de la seguridad nacional, que se ha estudiado y pensado en términos políticos predominantemente, se puede avanzar bastante más aún en una exploración sistemática sobre cómo los trabajadores y sus organizaciones fueron un sujeto perseguido. Es decir un núcleo central de este “enemigo interno” que debía ser perseguido, controlado y disciplinado. La teoría del enemigo interno que se desarrolló en toda América Latina tuvo como objetivo no sólo la militancia política radicalizada sino también a los trabajadores organizados y a los rasgos más combativos de sus instituciones sindicales.

¿Puede ampliarnos esta definición acerca de la persecución contra los trabajadores y cómo se manifestó en los diversos sectores de la clase trabajadora?

Esta persecución está muy ligada a varios factores e involucra varios actores y no sólo al Estado y a las Fuerzas Armadas en los casos de las dictaduras; sino también a las direcciones empresariales. Sin dudas un eje central es la participación de los trabajadores en el producto bruto interno, un tema crucial a analizar, pero además cuestiones relativas a las relaciones de poder entre empleadores y trabajadores, lo que nos lleva a enmarcar procesos específicos del período en un marco mucho más amplio del estudio de las relaciones laborales en el capitalismo. En este sentido, reivindicar visiones centradas en la dimensión de la relación entre el capital y el trabajo no implica caer en visiones que intentan categorizar a la clase trabajadora y al movimiento sindical como sujetos homogéneos. En el análisis de esta disputa entre capital y trabajo, no sería útil una simplificación en la mirada de ninguno de estos dos sujetos. Es fundamental reconocer la existencia dentro de la clase trabajadora tanto distintos sectores, como concepciones muy diferentes. Estas diferencias se vinculan, no sólo con cuestiones relativas a las actividades económicas, sino también con las diferentes concepciones de la relación asalariada. Mientras algunos sectores tienen una concepción de esta relación como antitética, de contraposición de intereses entre trabajadores y empleadores, existen otros sectores de la clase trabajadora que en cambio, consideran que existe una relación de interdependencia y de enriquecimiento mutuo entre ellos y sus empleadores, y en donde destacan la importancia de la empresa para garantizar su carácter de asalariados y proveer no sólo el salario sino la base de su identidad. 

Es imprescindible abrir este análisis del arco de definiciones, identidades y concepciones, lo cual incluye no sólo estas dimensiones en relación con el análisis de clase, sino su cruce con otras dimensiones fundamentales tales como las de género, de etnicidad, y de procesos migratorios; incluso todo ello en el marco de las dinámicas generacionales, entre otras. Es decir que el sujeto colectivo de trabajadores y trabajadoras está atravesado por numerosas tensiones y relaciones, las cuales es necesario abrir y analizar con la mayor amplitud posible. Esto implica romper fronteras disciplinarias y animarse a cruzar producciones y miradas que muchas veces tienen escaso diálogo. Y no sólo respecto a los trabajadores, sino también en lo que se refiere al movimiento sindical reconociendo la diversidad de corrientes sindicales, que expresan concepciones diversas sobre el papel de los sindicatos, la definición y rol de los representantes de base, su relación con las patronales y también como las dimensiones  de género han atravesado esta historia muy fundamentalmente. Aún resta mucho por investigar en este último terreno, porque la predominancia masculina en la dirección sindical y sub-representación de mujeres en cargos directivos es muy clara a lo largo de nuestra historia, cuestión sobre la que se está avanzando no sólo en las investigaciones sino en el activismo y la organización crecientes de las mujeres. 

¿Cuáles otros factores incluiría en esta diferenciación dentro de la clase trabajadora?

Por ejemplo, la ubicación territorial de los establecimientos y el entramado social, la actividad económica y el tipo de enfoque empresarial, productivo y laboral de las empresas, entre muchos otros. Hemos trabajado con los ingenios azucareros, donde muchas veces las empresas desempeñan funciones sociales centrales, en algunos casos incluso reemplazando al Estado. Esto implica una relación con sus trabajadores de un nivel de incidencia y de un poder enorme sobre el entramado social. Ocurre también en grandes centros industriales. Hay empresas que de algún modo marcan el ritmo y las relaciones económicas y sociales del territorio donde están emplazadas. En el campo de estudios del trabajo es fundamental abrir el análisis sobre todas las corrientes sindicales, concepciones y las diferentes líneas de acción de los trabajadores sin imponer o encasillar sobre el conjunto una sola línea como la predominante. 

Esto es de enorme utilidad no sólo para analizar las dinámicas obreras y sindicales, sino también para comprender la evolución de las políticas represivas, ya que a lo largo del tiempo los objetivos de la represión van cambiando, por lo tanto es necesario historizarlos y observarlos empíricamente. Existen trabajos interesantes sobre una serie de documentos de las Fuerzas Armadas que sectorizaban a los trabajadores y a sus organizaciones, y explicaban sus objetivos en cuanto a la represión y al disciplinamiento que buscaban lograr en cada uno de estos sectores. Resta mucho por hacer en términos de analizar y comprender la relación entre capital y trabajo y para avanzar es imprescindible evitar la simplificación del análisis tanto del capital, como del trabajo. En las investigaciones sobre responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad encontramos que muchos dirigentes sindicales que vieron con bastante simpatía a la represión a los sectores combativos; luego fueron ellos mismos víctimas de la represión a partir del 24 de marzo. Entonces, sin justificar las visiones que sostienen que las tensiones sindicales son las responsables del núcleo de la confrontación -lo que tiende a relegar a un segundo plano sujetos centrales como las Fuerzas Armadas o los núcleos del poder económico-, es fundamental incluirlas en la historia, teniendo en claro al mismo tiempo que cuando se habla de movimiento sindical, estamos frente a un sujeto heterogéneo, con componentes y sectores diferenciados. 

Es decir que, a la hora de analizar los impactos de las dictaduras sobre los trabajadores y sus organizaciones, es necesario también tener en cuenta que hubo sectores dirigentes que toleraron, convivieron y en algunos casos incluso se beneficiaron de la dictadura, con la cual tenían coincidencias ideológicas, aunque algunos de ellos hayan sido incluso perseguidos en esas circunstancias. Podemos poner el ejemplo del caso de Jorge Triaca, quien fue puesto en prisión durante la dictadura y cuando fue a declarar en el Juicio a las Juntas dijo que lo habían tratado muy bien, que nunca había sabido de la existencia de desaparecidos, o el caso de Ramón Baldassini, del sindicato de correos. Esto es muy importante para pensar que la organización sindical no es monolítica, permite ver los procesos de organización sindical con sus luces y sus sombras y que aún son de gran actualidad. También hay que ver las distintas modalidades organizativas, no fue lo mismo la Comisión Nacional de Trabajo, que el grupo de “los 25” con Saúl Ubaldini a la cabeza que mantuvieron una posición considerablemente más confrontacionista respecto a la dictadura, al tiempo que otros sectores mantuvieron una relación más dialoguista con la dictadura. Baldassini estuvo al frente del sindicato de correos desde el año 1963 hasta mayo de este año, cuando fue nombrado miembro del directorio de la empresa de correos. En este sentido parece muy pertinente tener en cuenta estas dimensiones para dar cuenta de la totalidad del movimiento sindical, sus tensiones y contradicciones.

¿Qué puede explicarnos acerca de la tercerización Laboral y la dictadura?

La tercerización laboral fue uno de los fenómenos que comenzó a expandirse desde comienzos de los años ´70, en un momento de fuertes disputas y de ascenso del proceso de movilización obrera, posterior al Cordobazo. A diferencia de la etapa de expansión del capitalismo en el marco de la Guerra Fría, en el que occidente apostó a niveles crecientes de inclusión para ofrecer una alternativa atractiva frente al modelo soviético, en el campo de las relaciones laborales prevalecía una relación dual entre un cuerpo de trabajadores y un empleador claramente identificable. La tercerización laboral implica la aparición de un tercero dentro de esta relación dual; e introduce una gran diferencia con el modelo predominante desde la segunda posguerra y hasta los años ’70. La tercerización ocurre cuando la empresa delega a un tercero el cumplimiento de parte de sus funciones empresariales, en el marco de la fragmentación de procesos productivos antes unificados y bajo el control de la empresa principal. La forma clásica de la tercerización es la subcontratación. Por ejemplo, cuando una empresa siderúrgica subcontrata los servicios de limpieza, comedor y seguridad, cuyo personal ya no es responsabilidad de la empresa. El pretexto se basa en que la empresa debe abocarse exclusivamente al proceso productivo y no puede desperdiciar sus energías en la limpieza, en la seguridad etc. Esto se relaciona también con la aparición de las empresas de servicios durante los años 90, conocido como el fenómeno llamado de la “terciarización”, es decir el auge del sector terciario, de servicios. Muchas veces estos fenómenos de tercerización y de terciarización coinciden, pero los conceptos deben diferenciarse claramente. 

Hay que recordar que la ley de Contrato de Trabajo sancionada durante el último gobierno peronista de los años setenta ponía límites muy claros a la expansión la tercerización. Estos artículos de la Ley de Contrato de Trabajo que frenaban el avance de la tercerización laboral, fueron eliminados por la dictadura. La gravedad con la que las Fuerzas Armadas tomaron este asunto apuntó directamente a los abogados que confeccionaron esta Ley de Contrato de Trabajo, quienes fueron perseguidos y luego desaparecidos. Estos hechos lamentables están perfectamente descriptos en el libro publicado recientemente “La Noche de las Corbatas”, de Felipe Celesia y Pablo Waisberg. Se destaca lo que sucedió con Centeno quien fue quien elaboró esa ley y al mismo tiempo cómo se eliminaron los artículos que incluían los derechos protectores de los trabajadores; además de que se persiguió a los abogados, se los torturó y se los asesinó. La investigación sobre la tercerización laboral ilumina la relación entre activismo obrero en defensa de los derechos de los trabajadores y los procesos represivos, que tuvieron como eje central desactivar los procesos de organización. Por otro lado, el fenómeno de la tercerización laboral tuvo una dimensión a nivel regional muy interesante, lo cual nos ha permitido dentro del Programa armar redes con los países de la región en ese sentido. Podemos entender cómo la tercerización, que se introdujo muy fuertemente con las dictaduras y que en la década de los 90 se expandió muy fuertemente, es en la actualidad un instrumento central en la fragmentación de la organización de los trabajadores y en la violación de sus derechos básicos.

Para sintetizar, podemos decir que la externalización de cuestiones como la limpieza, seguridad y comedor (concepción también vinculada a cuestiones de género, ya que muchas de las tareas consideradas “secundarias”, “complementarias” y fuera del “núcleo principal” estaban desempeñadas mayoritaria o exclusivamente por trabajadoras) implicó que no hubiera un solo empleador en esa empresa, sino que aparecieran empresas contratistas. Los trabajadores y trabajadoras de esas empresas, aún cuando se desempeñaban en el mismo establecimiento, dejaron de ser responsabilidad de los propietarios de la empresa principal, para estar a cargo de las contratistas. Esto se produjo no sólo en la actividad industrial y en servicios (en el sector público y privado) en los grandes aglomerados urbanos, sino también en el ámbito rural donde aparecen las empresas reclutadoras de mano de obra. Otras de las formas que adquiere la tercerización son las que involucran a las agencias de empleo o de servicios eventuales. Finalmente, los trabajadores autónomos también cumplen tareas antes enmarcadas en las relaciones laborales con la empresa principal; tareas que son delegados a un tercero que en este caso no es una empresa, sino un autónomo, en varios países considerado como una empresa unipersonal. Esto rompe la relación laboral y ocurre este proceso de externalización de tareas que se sacan de la relación originaria entre patronal y trabajadores. 

En estos momentos tenemos una realidad muy alarmante en cuanto a la pérdida de los derechos de los trabajadores; y en algunos procesos claves como el de Brasil, particularmente dramático. Los elementos de la agenda que recién revisamos, en particular la tercerización, tienen un lugar central. El movimiento sindical ha experimentado transformaciones sumamente complejas de la mano de la fragmentación del colectivo laboral y en el marco de las reformas neoliberales, de las que surgieron otros fenómenos como el sindicalismo empresario. También desde el Estado se han generado oportunidades de negocios muy importantes para los sectores sindicales que vinieron acompañadas de una pérdida de posibilidad de organización de los trabajadores en sus lugares de trabajo. Existen organizaciones sindicales mucho más cercanas a los intereses de los empleadores que a los de los propios trabajadores, lo cual ha derivado en una profunda fragmentación de los sectores sindicales, que sin embargo en muchos casos y con distintas estrategias y procesos, desarrollan estrategias para la unificación y la vinculación. 

En un contexto de articulación del capital a nivel transnacional, también son muy importantes las tentativas de vinculación regional y de respuestas conjuntas. Recientemente, por ejemplo, se convocó a un encuentro con representantes de Argentina y Brasil, desde el PIT-CNT de Uruguay, la central obrera de ese país y particularmente a partir de su Comisión de Trabajo Tercerizado. Allí se planteó la necesidad de tener una mirada de conjunto regional y establecer una estrategia sindical sobre el tema de la tercerización laboral, sin perder de vista las diferencias y las corrientes distintas. La propuesta apunta a lograr tanto una mirada de conjunto común a la región desde los trabajadores y los sindicatos, como formas de acción articuladas sobre la reestructuración del sistema de trabajo y de los derechos laborales.

Esta ofensiva contra los derechos laborales en la actualidad, en nuestro país y en muchos de los países vecinos, va de la mano con un intento de reversión de lo logrado en el campo de los derechos humanos. En este sentido se intentó, en el marco de una gran cantidad de retrocesos enmarcados en perspectivas negacionistas desde distintos sectores del gobierno, la aplicación del régimen del 2 x 1 a los responsables de las violaciones de los derechos humanos. Estas políticas recibieron una respuesta social increíble que culminó en esa emocionante “Plaza de los pañuelos”, que demostró que grandes sectores de la sociedad piensan que no se puede vivir con la barbarie, y que un retroceso en las políticas de memoria, verdad y justicia resulta inaceptable. En el marco de las enormes dificultades que enfrentaron los procesos de justicia en toda América Latina, constituye un triunfo muy importante, que debe leerse de la mano de la gran movilización laboral y sindical que respondió también masivamente y en la calle a la ofensiva contra los derechos de los trabajadores. Analizar en conjunto y tender puentes entre estas cuestiones es fundamental para avanzar en una agenda compleja sobre derechos humanos y laborales, tan necesaria en nuestro país, en la región y en el mundo. 

 

Entrevista: María Freier (corresponsal de Télam en el Espacio Memoria)




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