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14 06 2017
Luis Fondebrider, del EAAF: “Debemos compartir en todo el mundo la experiencia argentina en memoria, verdad y justicia”

“Estamos expandiendo el trabajo del Equipo y desarrollando una política de alianzas dentro y fuera de la Argentina”, sostiene Luis Fondebrider, fundador y actual presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).   


En la entrevista, Fondebrider habla sobre el convenio que firmaron con Abuelas de Plaza de Mayo, que le permitirá al EAAF mudar sus míticas oficinas del barrio de Once a la Casa por la Identidad, en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA). 

“Es un orgullo poder estar con ustedes, creo que de alguna manera el círculo se cierra”, había señalado el antropólogo durante el acto de firma del convenio. Se refería a los orígenes del Equipo, que se formó en el seno de Abuelas de Plaza de Mayo. El EAAF cumplirá 34 años y su objetivo es aplicar las ciencias forenses a la investigación de violaciones de derechos humanos en la Argentina y en todo el mundo. El EAAF fue creado en 1984 para investigar los casos de personas desaparecidas en Argentina durante la dictadura. Hoy, el equipo trabaja en América latina, África, Asia y Europa, en cinco programas integrados. 

 

¿Qué significa para el EAAF compartir espacio de trabajo con Abuelas?

Estar en un espacio como la Casa por la Identidad -que Abuelas nos ha cedido para poder empezar una nueva etapa del Equipo- es de alguna manera la consolidación de un vínculo muy largo que tenemos con Abuelas, desde nuestros orígenes. Son trayectorias en las que la ciencia cumplió un rol fundamental en las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos en la Argentina. Ambas instituciones buscan devolver identidades, en el caso de Abuelas a los nietos apropiados; en nuestro caso, a sus padres, cuyos cuerpos encontramos en cementerios y fosas de distintas partes del país. Eso hace que tengamos muchas similitudes, más allá de que somos dos organizaciones diferentes. Por eso, comenzar a trabajar en este espacio nuevo, más grande y moderno, nos va a permitir poder desarrollar algunos proyectos en los que estamos trabajando, como la expansión de nuestro centro de capacitación internacional, donde recibimos a especialistas forenses, fiscales, abogados, ongs argentinas y de otras partes del mundo. 

¿Y qué representa que ese encuentro entre el EAAF y las Abuelas tenga lugar en la ex ESMA?

Que nuestra sede esté en la ex ESMA va a posibilitar que esa gente que nos visite pueda comprender lo que ha sido la trayectoria en la búsqueda de la verdad, la justicia, la memoria y la reparación en la Argentina, en la cual las Abuelas han sido unas de las protagonistas fundamentales. Es decir, enmarcar el uso de la ciencia para devolverle la identidad a una persona y para recuperar los restos junto a todas las expresiones que muestran cómo la sociedad argentina ha avanzado el proceso de memoria, verdad y justicia en el país. Para nosotros fue una decisión importante. En la ex ESMA también se está desarrollando la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas (ILID), donde van a estar las cerca de 11 mil muestras de sangre que ya desde hace años venimos solicitando a los familiares de las personas desaparecidas y que están bajo custodia del Estado. Pero más allá de ese espacio, creo que con el funcionamiento de la sede del EAAF en la ex ESMA se abre la posibilidad de integrar de forma más creativa y más amplia las tareas que realiza el Equipo desde hace más de treinta años, con otra trascendencia, otro marco y con un espacio más adecuado a lo que hacemos.

¿Qué funcionará en el ILID?

En el ILID falta finalizar la etapa ligada a la tecnología, porque la cuestión edilicia ya está lista. Ahí estaría el lugar donde están resguardadas las muestras de sangre, con condiciones especiales. Y seguramente habrá un espacio para exhibiciones temporales de fotografías, conferencias y otras iniciativas que realiza el EAAF. Estamos esperando que próximamente se pueda poner en marcha, porque está demorado desde hace muchos meses, y las muestras necesitan estar protegidas de todo tipo de accidentes que puedan ocurrir. Y ése es el lugar ideal, porque fue construido con las características especiales.  

¿Y en la Casa por la Identidad?

Ahí estarán todas las oficinas del EAAF, el Laboratorio de Antropología Forense y el Centro de Capacitación Internacional. Ahí podremos dar clases, recibir a la gente, brindar capacitaciones y desarrollar los proyectos. Por su parte, el Laboratorio de Genética seguirá funcionando en la provincia de Córdoba, eso no se modifica.

¿Qué perspectivas se abren con este cambio de sede?

Vamos a tener un Laboratorio de Antropología mucho más grande y mucho más adecuado a los estándares internacionales en cuanto al tamaño y la distribución. Podremos recibir a grupos de veinte, treinta personas, algo que ahora no podemos hacer. Además, la gente que nos visite podrá tener un contacto mucho más cercano con Abuelas. Si bien el Equipo trabaja desde hace más de treinta años en cincuenta países del mundo, la experiencia que ha acumulado la Argentina aún es poco conocida en el exterior. Me refiero a toda la tarea, desde diferentes ángulos, que viene realizando tanto la sociedad como el Estado en la Argentina. Creo que es una buena oportunidad para pensar una estrategia que nos permita compartir con otras partes del mundo que han atravesado por situaciones similares lo que se ha hecho en la Argentina. La experiencia acumulada en la Argentina en esa materia aún no ha podido ser volcada de forma coherente y estratégica hacia el exterior. Pensamos que este nuevo espacio de alianza con Abuelas va a ser muy útil en ese sentido. 

¿Cómo funcionará el Centro de Capacitación?

El Equipo brinda capacitaciones desde hace muchos años y tiene una escuela en Sudáfrica. En noviembre vamos a abrir la primera Escuela de Ciencias Forenses y Derechos Humanos para América Latina. Esa será la primera gran actividad, con un curso de cuatro semanas para especialistas de América Latina. La idea es que vengan, se entrenen de acuerdo a las necesidades de dos a seis semanas, en diferentes áreas de aplicación de la ciencia a este tipo de investigaciones. No sólo estará destinada al exterior, porque en la Argentina estamos trabajando con los casos de las desapariciones en democracia, los femicidios, de violencia institucional. Tenemos trabajos que estamos tratando de coordinar con el Ministerio Público Fiscal, con los ministerios de Justicia y de Seguridad. Y es clara la necesidad de capacitar a fiscales y a los especialistas periciales de las cuatro fuerzas en cómo trabajar escenas complejas y cómo coordinar los procesos de identificación. Actualmente si una persona desaparece en Chubut y se encuentra un cadáver en Santiago del Estero no hay un sistema coordinado para cruzar los datos. Así que queremos también que el Centro se vuelque a las agencias que se abocan a este tipo de investigaciones en la Argentina: fiscales, jueces, abogados, servicios periciales, la gente que se encarga de investigar.

¿Qué otros proyectos desarrollará el Equipo en esta nueva etapa?

Hemos creado una unidad ligada a la incorporación de nuevas tecnologías a la búsqueda de sepulturas y de documentación de escenas. En ese sentido, estamos sumando una tecnología denominada LIDAR, que permite búsquedas desde el aire a través de drones. También estamos trabajando en el desarrollo de plataformas digitales que permiten gran cantidad de información de un caso y que sea mucho más dinámica. Junto con el CONICET, estamos desarrollando el uso de disciplinas no tradicionales en el campo forense para la búsqueda de personas, como las matemáticas y la física. Es decir, hay una expansión del abanico de disciplinas científicas que estamos incorporando, que darán un vuelco importante y esperamos tener en los próximos años una mayor eficacia en las búsquedas e investigaciones. Por otra parte, estamos expandiendo el Laboratorio de Genética en Córdoba y comenzando su proceso de acreditación, que es una condición importante en la actualidad. En resumen, estamos expandiendo el trabajo del Equipo y desarrollando una política de alianzas dentro y fuera de la Argentina.

¿En qué lugares del mundo están trabajando en la actualidad?

En El Salvador estamos trabajando en la identificación de víctimas durante el conflicto que tuvieron y también en casos actuales de migrantes que están desaparecidos. En México tenemos una iniciativa muy grande -el Proyecto Frontera-, que abarca también a Estados Unidos y Centroamérica. Implica el desarrollo de la identificación de migrantes que mueren en las fronteras de Estados Unidos, en Arizona y Texas, cuyos cadáveres quedan sin identificar, y los cruzamos con familias que los están buscando: de Honduras, El Salvador, Guatemala y México.  En Paraguay estamos trabajando en la identificación de víctimas de la dictadura de Stroessner y en la capacitación de especialistas locales. Seguimos trabajando en Irán e Irak, dando capacitación en las instituciones de medicina legal de ambos países. Estamos ahora en el Cáucaso, por cuarto año estamos en Georgia y en Abjasia, trabajando en la recuperación e identificación de personas que murieron en el conflicto de 1992-1993. Seguimos investigando en República Centroafricana y comenzando un proyecto grande con la Universidad de Columbia (Estados Unidos) para desarrollar capacidades locales.

Señalaba que aún falta conocerse en el exterior la verdadera dimensión del proceso de memoria, verdad y justicia que lleva adelante la Argentina. El EAAF ha actuado  en estas décadas como un embajador de ese recorrido en todo el mundo. ¿Qué puede aportar esa lucha a otros países?

Hace muchos años que trabajamos en el exterior y nuestra labor es muy reconocido. Nuestras acciones tienen que ver con el uso de la ciencia para investigar y documentar violaciones a los derechos humanos, para aportar evidencia científica en los procesos judiciales. Pero esa trayectoria del EAAF se inserta en un camino colectivo de la Argentina que, desde diferentes sectores, ha construido luego de treinta años de democracia un camino de verdad, justicia y memoria. Implica el trabajo de muchos organismos de derechos humanos, acciones desde el arte, la recuperación de espacios de memoria y diferentes políticas públicas que ha tenido el Estado en todos estos años. Así como la Argentina recibió mucha solidaridad internacional durante la dictadura y luego de la dictadura, entendemos que es una obligación que tenemos todos de devolver esa solidaridad a través de lo que ha hecho Argentina -que es un ejemplo en el mundo en ese sentido- a otros países que están pasando por circunstancias similares y están investigando su pasado reciente a través de comisiones de la verdad, de tribunales especiales o de otros mecanismos. La experiencia argentina es muy rica y, de alguna manera, tenemos la obligación de compartirla por medio de la cooperación Sur-Sur. Es decir, no de la cooperación con dinero, sino con recursos y la transmisión de experiencias, que es lo que podemos ofrecer.

 




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