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24 04 2017
Nicolás Sabuncuyan: “Los genocidios se repiten en la medida que quedan impunes”

Director del Consejo Nacional Armenio-Argentina, Nicolás Sabuncuyan reflexiona sobre la importancia de la educación en el recuerdo del genocidio contra el pueblo armenio perpetrado por el entonces Imperio Otomano (hoy Estado de Turquía).


 A 102 años del inicio de aquel genocidio (el primero del siglo XX), en el Espacio Memoria y Derechos Humanos se realizó una actividad conmemorativa en la ex ESMA.

En 2007, el Estado argentino promulgó la ley 26.199, que reconoce el genocidio armenio. La norma declara el 24 de abril de todos los años como “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos” en conmemoración del genocidio de que fue víctima el pueblo armenio y con el espíritu de que su memoria sea una lección permanente sobre los pasos del presente y las metas de nuestro futuro.

Aquí, Sabuncuyan invita a tener un rol activo en la preservación de la memoria de los crímenes de lesa humanidad.

 

¿Por qué es importante abordar temáticas como el genocidio en las escuelas secundarias?

Los armenios somos un colectivo donde el perpetrador niega haber cometido un genocidio y donde los armenios que viven en Turquía, sufren el miedo y no pueden expresarse. Por eso es muy fuerte para nosotros venir a un lugar como la ex ESMA, que fue un centro del horror y hoy esta convertido en este espacio donde se pueden realizar estas actividades de continuidad de la memoria y donde los jóvenes adquieren tanta herramientas. Las escuelas que participaron de este encuentro pertenecen a las primeras camadas en las que la currícula tiene incorporadas las temáticas de derechos humanos y no sólo por una voluntad docente sino por una decisión estatal. Esta cuestión cuando yo era estudiante no existía, salvo por decisión de algún profesor. El genocidio armenio fue negado por actitudes negacionistas, por las autoridades escolares y por las propias editoriales que publicaban los manuales de enseñanza. Es decir que cuando no hay una decisión estatal de respetar estos temas desde las directivas editoriales o escolares, no sale espontáneamente un cambio de perspectiva respecto a esto. Los jóvenes que estudian hoy en las escuelas saben lo que ha sucedido en la Argentina durante la última dictadura y con lo ocurrido en otros contextos como en el caso armenio, la Shoah o el caso de Ruanda. Me interesa reflexionar cuál es el rol que los jóvenes pueden tener dentro de la sociedad, porque hoy ya nadie es ajeno a lo que sucede en el mundo con los derechos humanos. En el caso de las escuelas armenias, no importa si todos los chicos son de origen armenio o cuáles son las causas por las que entraron a esos colegios, lo que realmente importa es que hoy se pueden conocer estos hechos y saber que se repiten en la medida que quedan impunes. 

¿Qué cuestiones destacaría en torno a que los jóvenes accedan a este tipo de conocimiento?

Debemos pensar que en los genocidios no sólo los llevaron adelante los gobernantes, o un sector determinado o las fuerzas armadas o la policía. Hay una sociedad por razones que pueden ser desde la complicidad, o por desconocimiento y también puede ser por el mismo terror, que habilitó estos genocidios. Hubo médicos, arquitectos, ingenieros, comerciantes, empresarios que acompañaron los genocidios. Pueden ser cómplices, o pueden ser parte de la resistencia o pueden ser parte de una mayoría silenciosa. Estén ubicados donde estén ubicados, lo que no pueden ser es ajenos. Entonces lo que me interesó transmitir fundamentalmente en este acto es que lo que sucedió en el caso armenio, como en otros genocidios y  en el caso argentino, hubo una vida cotidiana donde esto sucedía también. En la Alemania nazi, se iba al médico con un carnet en el que decía de qué raza era, y el peritaje lo hacía un médico. Lo mismo en las escuelas, eran los propios maestros quienes separaban y segregaban a los niños judíos.

En el acto, se refirió al rol activo de las personas frente a estos hechos, ¿qué más puede decirnos?

Sugiero pensar en el rol activo de cada uno para impedir que esto vuelva a suceder, no sólo recordándolo en un acto o en una materia o en una marcha, sino también en la vida cotidiana, ya sea en los propios espacios personales, como en los grupos. Es decir también si uno forma parte de una organización social ya sea de beneficencia, o política, o gremial, incluso hasta en una reunión de consorcio. Estos temas continúan teniendo una vigencia absoluta, porque cuando se comete una alianza de los poderosos para cometer un genocidio todos están conscientes de lo que están haciendo y todos avanzan en todos los frentes. Nosotros estamos parados del lado de los más vulnerables, pero no podemos esperar que esto suceda para unirnos o para ocultarnos; debe entonces haber una activa militancia sobre estos temas. Esta militancia tiene que contraponerse a la militancia negacionista de estados como Turquía que tienen sus aliados; y que su principal interés a nivel internacional es negar el genocidio armenio. Lo niegan porque tienen un absoluto terror a lo que podría pasar de abrirse un proceso de reparaciones donde se incluyeran también las cuestiones económicas, pero que también obligaría a Turquía a encontrarse con su propio pasado y su propia verdad. Por eso, nuestro rol no es meramente el informativo-testimonial, sino que involucra todas las esferas de nuestras vidas.  Los genocidios no son accidentes naturales, como los terremotos o tsunamis, sino que todos estos hechos tienen sus consecuencias. En el caso armenio hay cientos de miles que recién en estos tiempos comienzan a encontrarse con su identidad armenia. Hay millones de familias que hoy no existen por ese genocidio, y otras que quedaron cercenadas. No obstante no es sólo el caso exclusivo de los armenios; existen casos de familias que han sufrido dos genocidios en el transcurso de tres generaciones. Por ejemplo el caso de Madres como Vera Jarach o Sara Rus. Estamos luchando por memoria, verdad y justicia y reparación. Es la única forma de impedir que cuando se quieran violar los derechos, la sociedad no los habilite. Si lo hacemos de esta manera, lograremos una sociedad más justa y si lo hacemos todos tenemos una oportunidad. 

¿Qué significa realizar este encuentro en la ex ESMA?

Para nosotros, el Espacio Memoria es un espacio único. En 2015, hicimos una muestra en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti para conmemorar el centenario del genocidio armenio. También hicimos actividades en el Museo Malvinas. Ahora estar en la Casa por la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo nos produce una enorme emoción y nos abre cuestiones interesantes para los integrantes de nuestra comunidad. Además de que el crimen contra el pueblo armenio es imprescriptible, el tema de la identidad es una de las cuestiones más importantes y hacen de ella un tema abierto. La identidad es lo más significativo del genocidio armenio, porque fueron centenas de miles de hombres y mujeres armenios que dentro del imperio otomano fueron despojados de su identidad. Muchos de ellos siguen con vida pero sin saber quiénes son. Es decir, sin poder transmitirles a sus propios hijos sus tradiciones, su origen, sus hábitos culturales. La identidad no es un dato adicional a la vida humana, por el contrario la identidad es esencial. Esto entra dentro de lo que se considera un plan genocida y lo podemos relacionar con lo ocurrido durante el terrorismo de Estado en la Argentina. La ex ESMA, hoy espacio de la memoria, nos obliga a pensar todo el camino que tenemos que recorrer para poder hacer lo mismo en aquellos países en los cuales aún se niega el genocidio. Al mismo tiempo es el recuerdo permanente de que no estamos solos y de que somos parte de todos los organismos que dan lucha por los derechos humanos y el reconocimiento de estos crímenes. Somos parte de esa trama, que no es un capítulo cerrado. Incluso aquí, con todo lo que se ha hecho, aún faltan nietos por recuperar. Siempre hay algo por lo que luchar. 




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