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11 04 2017
“El Espacio Patrick Rice es un ámbito de reflexión e intercambio de todos los cultos religiosos”

Fátima Cabrera reflexiona sobre el Vía Crucis Ecuménico que se realiza todos los años en el predio de la ex ESMA y recuerda a su compañero Patrick Rice.


Como todos los sábados de Semana Santa, este 15 de abril, se realizará el “Vía Crucis Ecuménico por la Memoria, la Verdad y la Justicia” en el Espacio Patrick Rice en el Espacio Memoria (Avenida del Libertador 8151, ex ESMA). Representa un homenaje a miles de militantes de confesiones cristianas, judías, musulmanas y de distintos credos que fueron víctimas del terrorismo de Estado.

En diciembre de 2010, el edificio donde funcionó la capilla de la ESMA pasó a llamarse “Espacio Patrick Rice”, en homenaje al ex sacerdote y militante por los derechos humanos. La iniciativa concretó un proyecto iniciado por el propio Rice, quien pretendía convertir la vieja capilla instaurada en el corazón de uno de los centros clandestinos de detención más emblemáticos del país, en un espacio de reflexión e intercambio de todos los cultos religiosos.

Patrick Rice (1945-2010) nació en Fermoy, Cork (Irlanda), dentro de una familia rural. Estudió filosofía y teología y luego se ordenó como sacerdote católico en la congregación “Misioneros del Verbo Divino”. Tras un paso por Paraguay, llegó a la Argentina como misionero irlandés. En 1972, en Fortín Olmos (Santa Fe), conoció al padre Arturo Paoli e ingresó en la Fraternidad Hermanos del Evangelio Carlos de Foucauld. Paoli fue un sacerdote católico y misionero italiano, que vivió en Fortín Olmos entre los hacheros, que trabajaban para una empresa británica de la madera. Cuando la empresa cerró, organizó una cooperativa para ayudar los trabajadores a continuar viviendo en el lugar. Patricio manejaba una camioneta que cumplía las funciones de ambulancia, que era lo único que había en la zona. En Fortín Olmos también conoció al sacerdote Mauricio Silva, que desapareció durante la dictadura. 

Unos años más tarde, Patricio se instaló en Buenos Aires para continuar con su labor. Vivió en La Boca y luego en la villa porteña de Villa Soldati. En esta villa miseria comenzó un gran trabajo social con vecinos de las cooperativas y de la Misión Católica. Estuvo con el padre Carlos Bustos, también sacerdote desaparecido, en una capilla de la villa. 

Fátima Cabrera vivía a 10 cuadras de la Villa, y trabajaba desde muy joven con grupos vinculados a la Iglesia. Había sido catequista en Retiro con Carlos Mujica, y fue a Soldati para continuar con esa tarea. Vivió en la villa y después fue trasladada al complejo de edificios de allí. “Tomé contacto enseguida con lo que hoy se conoce como Villa Fátima. Desde muy jovencita estuve relacionada con esa Iglesia. Fui catequista con apenas 13 años”, explica Fátima.

Con el golpe de Estado de 1976, comenzaron las primeras desapariciones en Soldati. En octubre de 1976, Patrick y Fátima son secuestrados en una camioneta con gente de civil y los llevaron a una comisaría. Esa misma noche los sacaron en un Falcon y los trasladaron a otro lugar, que muchos años después, Fátima pude saber que era Garage Azopardo. La intervención de la Embajada de Irlanda permitió que pudieran sobrevivir. “Para Irlanda que un cura irlandés estuviera desaparecido significaba una cuestión de Estado. También la madre de Patricio comenzó una campaña. Denunciaron inmediatamente la situación y así fue como el embajador y el secretario de la embajada -hoy es el actual embajador- se ocuparon especialmente de la situación. Con esta intervención a Patricio le dieron la expulsión. Esto fue muy duro para él”, recuerda Fátima. En su caso, continuó detenida un año y medio más. 

Cuando Patricio volvió a la Argentina en 1984 no sabía si Fátima estaba viva o muerta. Rice organizó el Congreso de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM). “Mientras estuvimos presos, había presentado nuestro caso en la OEA, se movió por mí y por el resto de los compañeros mucho más de lo que yo pensaba, hasta hizo gestiones en el Vaticano”, dice Fátima. Apenas se encontraron en ese 1984, conversaron mucho y Patricio le contó que estaba atravesando una gran crisis como sacerdote. Luego continuaron una extensa comunicación por carta. “Patricio estaba también muy desgastado por el trabajo en la Federación, que se encargaba de visitar todos los países de Latinoamérica donde había detenidos y desaparecidos. Hacía todo con escasísimo apoyo, como todos los organismos de derechos humanos”, rememora. 

 

¿Cómo se fue construyendo el Espacio Patrick Rice en la ex ESMA? 

Hay testimonios que revelan que en la capilla de la ex ESMA, los capellanes recibían a los oficiales de las fuerzas, hasta aquellos que participaron de los vuelos de la muerte. Entonces Patricio, con toda la experiencia que tenía de conocer centros de detención, campos y museos en distintas partes del mundo, comenzó a investigar qué había sucedido en esa capilla. Es un lugar muy controvertido y de algún modo quería hacer un lugar de reflexión, como existe en otros ex campos de concentración. Su proyecto apuntaba tanto a la recuperación de ese lugar específicamente, como a convertirlo en un espacio interreligioso y de reflexión. Cuando falleció Patricio en 2010, varios organismos me instaron a que presentara de nuevo su proyecto. Tenía objetivos muy claros: debía recuperar la memoria de ese sitio en homenaje a las víctimas de las diferentes iglesias, en calidad de Espacio Interreligioso. También que fuera utilizado como lugar de archivo de documentación para seguir investigando todo lo que había ocurrido dentro de la Iglesia en la dictadura; y por supuesto preservar ese lugar como un ámbito de reflexión e intercambio de todos los cultos religiosos. El 7 de diciembre de 2010, se realizó entonces un acto en la ex ESMA, con todos los organismos, donde se señalizó la antigua capilla con su nombre. 

¿Cómo funciona el Espacio Patrick Rice y cuáles actividades se llevan a cabo?

Desde hace seis años hacemos el Vía Crucis Ecuménico. Tiene una convocatoria muy grande, cada sábado de Semana Santa, donde cada estación del Vía Crucis la prepara una iglesia distinta. Participan grupos católicos y también otros grupos cristianos como la Iglesia Metodista, la del Río de la Plata, el Grupo por la Memoria de Orlando Yorio, el Movimiento Fray Carlos Bustos... Queremos que este espacio se vaya ampliando. En diciembre de 2016 organizamos un acto de “Homenaje a los 30.000”. Tenemos una querella con los Hermanos de la Fraternidad para que se abran los archivos del Vaticano. Para el juicio por la muerte de monseñor Angelelli, llegó mucha documentación del Vaticano, lo cual es todo un gesto y una manifestación de cambio. Estamos pensando organizar más actividades sosteniendo este lugar como espacio inter-religioso, que además nos enlaza profundamente con Latinoamérica. 

 

Entrevista: María Freier / Agencia Télam




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