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26 08 2014
Una bocanada de aire nuevo para seguir trabajando la memoria

Más de 50 escuelas pasarán durante este año por la sala de audiencias de Comodoro Py, donde se desarrolla la megacausa ESMA. Es gracias al programa “La escuela va a los juicios”.  


Por María Cecilia Toledo

Dieciséis estudiantes de quinto año de la escuela Saint Exupery de Caballito fueron a los tribunales de Comodoro Py. Participaron, junto a Daniela, su profesora de sociología, de una de las audiencias de la megacausa ESMA. Al día siguiente, Malena, una de las alumnas escribió: “Mi cabeza no termina de comprender cómo es que alguien puede llegar a torturar, censurar, asesinar y desaparecer gente. A Cavallo no pude dejar de mirarlo y sentir angustia y asco. Fue el primer cuerpo físico que logré darle al terrorismo de Estado”. 

Ricardo Cavallo era el único represor presente en la sala durante la audiencia del último jueves de junio. De los 65 imputados, es el único que asiste con regularidad. No mira a las víctimas que declaran, toma nota de lo que se dice en la sala y un guardia del servicio penitenciario lo custodia desde el extremo del escritorio donde se sienta. Ese hombre de traje oscuro y cuerpo pequeño fue miembro del Grupo de Tareas que operaba en la ESMA. Secuestró, torturó y asesinó gente. Está condenado a cadena perpetua.

Cavallo es además “el primer cuerpo físico” que Malena de 17 años logró “darle al terrorismo de Estado”. No es poca cosa. Malena participó del programa La Escuela va a los Juicios del Ente Público Espacio Memoria. Estuvo en los tribunales de Comodoro Py y conoció la cara del genocida.

En este año, más de cincuenta escuelas de la Ciudad de Buenos Aires participarán del programa La escuela va a los juicios. Los chicos se sientan en las butacas destinadas al público para escuchar cómo se desarrollan las audiencias contra los imputados que tiene la causa. 

Llevó casi un año poder implementar el programa. Todo 2013. Los tiempos judiciales no son iguales al resto de los tiempos. Después de varias idas y vueltas, incluido un pedido a la Cámara Nacional de Casación Penal, el Poder Judicial autorizó a menores de 18 años de edad –hasta entonces sólo podían los mayores- a asistir a los juicios. Cedió además un espacio físico: 20 sillas y una pizarra. Después de cada audiencia, con esas herramientas los chicos participan de un taller en Comodoro Py.

“El testimonio de quienes declaran es muy importante para los chicos. Es un relato de primera mano sobre el terrorismo de Estado. Pueden escuchar qué significó estar desaparecido, quiénes eran a los que desaparecían. Salen con conmoción, con mucha empatía con las víctimas”, cuenta María Helena Saraví de la Comisión Provincial por la Memoria. Ella lleva adelante el programa “Justicia y Memoria” en diferentes puntos de la provincia de Buenos Aires. Como en Bahía Blanca, La Plata o San Nicolás, donde hay procesos iniciados contra genocidas. 

En la Ciudad de Buenos Aires, La Escuela va a los juicios no pretende ser una clase de derecho en Comodoro Py. El programa difunde un proceso histórico que vive la Argentina: los juicios a genocidas. Y logra que los testimonios de los sobrevivientes crucen la frontera de los tribunales. El público que suele estar en los procesos por delitos de lesa humanidad es muy reducido. Generalmente son familiares, abogados y víctimas. Pero a partir del programa del Espacio Memoria, las butacas de la sala de audiencias se llenan de jóvenes que escuchan, miran, reflexionan. Y sobre todo, quieren saber.

En la audiencia del último jueves de junio, donde participaron los chicos del Saint Exupery, declaró Luis Fondebrider del Equipo de Argentino de Antropología Forense. Contó cómo fue su trabajo para identificar a los cuerpos encontrados como NN en el cementerio de General Lavalle. Esos restos pertenecen a algunos de los integrantes del “Grupo de la Santa Cruz”, quienes fueron secuestrados en 1977 de la puerta de la iglesia de la Santa Cruz. Entre ellos estaban María Eugenia Ponce de Bianco, Azucena Villaflor de De Vincenti y Esther Ballestrino de Careaga, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. 

Los chicos del Saint Exupery escucharon durante casi una hora la declaración de Fondebrider. Después de la audiencia, compartieron sus sensaciones en el espacio de taller que coordinó Verónica Durand, del equipo de Programas Educativos del Ente Público Espacio para la Memoria.

“Me impresiona que después de tantos años se pueda saber lo que pasó. Que sólo con hueso se puedan sacar tantos datos”, contó Romina, 17 años, frente a sus compañeros sentados medio círculo.

Laura también se animó a hablar: “Es shockeante y al mismo tiempo emocionante ver que se hace justicia; que los sobrevivientes son protegidos por el Estado. Eso es lo que tuvo que haber pasado siempre”. 

Los docentes a los juicios

Comodoro Py es un polo jurídico frente al puerto de Buenos Aires. Por sus pasillos caminan abogados, fiscales y jueces. El edificio parece un laberinto de mármol con ascensores, buffet y un kiosco. Tiene pasillos largos, puertas grandes, nueve pisos y un subsuelo. 

Desde este año por sus pasillos también caminan chicos de escuelas públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires. Lo hacen con la frescura típica de los 17 años: comen bizcochitos, se divierten con las puertas giratorias y descontracturan un ámbito tan rígido como el mármol de sus paredes. 

En eso andaban los chicos de quinto año de la escuela Saint Exupery cuando algo los sorprendió. Un joven de casi la misma edad que ellos, pero esposado y custodiado por un policía federal pasó en medio de la ronda que habían formado. Un silencio de hospital se sintió en Tribunales. La sorpresa de ver a un par preso, los dejó mudos. La Escuela va a los juicios es una experiencia que va más allá de la causa ESMA. Es un viaje directo y sin intermediarios al mundo judicial. 

Los jóvenes no son los únicos protagonistas de La Escuela va a los Juicios. Sus docentes son una pieza fundamental del programa. Ellos, por propia voluntad, realizan las gestiones para que sus cursos lleguen a Comodoro Py. 

El programa no comienza ni termina en los Tribunales Federales. Antes de que los chicos asistan a las audiencias, los docentes participan de tres jornadas de capacitación que brinda el Espacio Memoria. La idea es generar herramientas que después puedan trasladarse al aula.

El trabajo docente es cansador. Traslados de un colegio a otro, obstáculos burocráticos, conflictos cotidianos. Con La Escuela va a los Juicios, los profesores se encuentran con sus alumnos en un lugar distinto, con temas que les interesan. 

“Lloré y vi a mis alumnos llorar. Es bueno que eso ocurra, porque en las aulas enseñamos ciencias como si se tratara de un racionalismo sin sentimientos ni pasiones”, contó Daniela, profesora de Sociología, después de participar del programa. “Lloramos, sí. Mis alumnos y yo. Pero no es un hecho trágico el que fuimos a presenciar sino un hecho feliz, porque se está haciendo Justicia. Nosotros estuvimos ahí y lo vimos con nuestros propios ojos”, explicó.

Principitos en Comodoro Py

Saint Exupery es el autor de El Principito. El cuento es la historia de un piloto que tiene problemas con su avión y termina perdido en el desierto del Sahara. En ese lugar el piloto conoce a El Principito, un niño-príncipe de otro planeta. El relato es una crítica a la extrañeza con la que los adultos ven el mundo.

Se supone que Marilina no es adulta. Tiene 17 años y en Comodoro Py habla sobre su viaje de egresados y sobre lo que hizo el fin de semana pasado con amigas. Cuando le preguntan porqué está en Comodoro Py, dice: "Esta es una experiencia única. Cuando nosotros seamos grandes les podemos contar a nuestros hijos que estuvimos en un juicio como éste. Porque es un tema del que siempre se va a hablar. Pero no van a estar siempre estos juicios. Estamos participando de algo grande”.

Manuel, 17 años, tampoco debería considerarse adulto. Explica que, en 1976, los militares tomaron el poder “y eso produjo muchos males, como desapariciones y torturas. También hubo miedo, terror y malestar social. Es importante que se tome conciencia para que no se repita nunca más”. 

Marilina y Manuel son alumnos del Saint Exupery. Ellos, como El Principito, también muestran la extrañeza con la que muchos adultos ven el mundo. La escuela va a los juicios recuerda que los chicos tienen mucho para decir sobre las tragedias del pasado. Su mirada fresca es una bocanada de aire nuevo para seguir trabajando la memoria. 

ESCUELAS BONAERENSES

La Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires lleva adelante el programa La escuela va a los juicios en toda la provincia. Alumnos de Bahía Blanca, San Nicolás y La Plata ya participaron de diversas causas por delitos de lesa humanidad. María Elena Saraví, responsable del programa, explica que el primer lugar donde se implementó fue en La Plata, en 2010, durante el juicio por la Unidad 9. La querella pidió que los chicos puedan entrar a las audiencias. “La idea fue de Sandra, una compañera de la Comisión que propuso llevar a los chicos al juicio. A partir de esa iniciativa armamos una capacitación para los docentes. Y el programa se fue expandiendo”, señala.

¿Cómo fueron las primeras experiencias?

Cuando arrancamos una compañera decía que los chicos se iban a aburrir. Nada que ver. Están súper atentos a todo lo que pasa en las audiencias. A veces se quieren quedar a escuchar a otros testigos. Nos ha pasado de docentes que nos avisan que el grupo se queda un ratito más en la audiencia. Les resulta muy atrapante la cercanía que pueden tener con los sobrevivientes, con las historias que cuentan. El testimonio para los chicos es muy importante. 

¿Cómo salen los chicos de las audiencias?

Muy conmocionados. Siempre dicen: “Qué bueno que pudimos estar ahí. Que pudimos acompañar al testigo, escucharlo”. Se sorprenden de que las audiencias estén casi vacías. Les llama la atención que sean ellos los que llenan la sala. Las escuelas se transforman en algo importante dentro del proceso judicial. 

¿Cuál es la importancia del programa?

Los juicios por lo sucedido durante la última dictadura cívico militar no son sólo de las víctimas, ni de los sobrevivientes. Son de todos. De la sociedad en general. Y también de los chicos que están ahí escuchando. Además es una posibilidad que tienen de participar en estos procesos. No es frecuente que uno vaya por la vida pasando por juicios orales y públicos. La escena judicial es sorprendente. Los chicos observan muchísimo lo que hacen los imputados y abren la puerta para que otra vez se pueda hablar de lo que pasó, se pueda decir, se pueda preguntar. 

 “YO FUI A LOS JUICIOS CON MI PROFE”

Otra iniciativa similar ya tiene su libro: “Yo fui a los juicios con mi profe”. Fue hecho por docentes y alumnos de escuelas secundarias de la Zona Norte y Oeste del conurbano bonaerense, que cuentan sus vivencias durante el séptimo juicio oral y público por la megacausa de Campo de Mayo.

Fue una iniciativa de la Secretaría Provincial de Derechos Humanos del SUTEBA. El libro tiene 140 páginas y un anexo. En la tapa se muestra la fotografía de Mariano, un estudiante que asistió al juicio junto a su profesora. 

“Yo fui a los juicios con mi profe” tiene además un prólogo del director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Eduardo Jozami. El libro está dividido en capítulos. “La disputa por el sentido de los hechos históricos”, “Más allá del texto de la ley”, “Enseñar en épocas de contradicciones” son algunos de ellos. Al finalizar cada capítulo, los estudiantes y los docentes que participaron de las audiencias dan su testimonio. También figura un apartado con los nombres de los imputados, las causas que se investigan y las sentencias.




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