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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


24 06 2013 | TESTIMONIOS
Día 64. "Es hora de la verdad: es un viento fresco en el alma", dijo Emma Ahualli

Su compañero Emilio Assales estuvo secuestrado en la ESMA y sigue desaparecido. Además declararon Osvaldo Cheula, sobreviviente, y Nidia Agosti, hermana de Hugo, quien sigue desaparecido. 


El caso de Emilio Carlos Assales (nro. 194)

“Tincho” fue secuestrado el 11 de enero de 1977. Era cordobés y militaba en Córdoba. Después se mudó a Mendoza y formó pareja con Emma. Ambos militaban en la JP (Juventud Peronista). Emilio fue llevado a la ESMA y sigue desaparecido.   

El testimonio de Emma René Ahualli, esposa de Emilio

“Tuvimos que abandonar Mendoza cuando ocurrió el hecho de Paco Urondo. Soy sobreviviente de ese hecho. Nos vinimos a Buenos Aires, vivíamos en hoteles, no podías quedarte mucho en hoteles por la persecución del Estado a militantes”, dijo Emma. 

La testigo contó que esa era la situación a mediados de 1976, cuando “mi hija (Dolores) tenía 24 días de nacida. Nació en Mendoza”. Los tres estaban juntos, protegiéndose del terrorismo de Estado. “Vivíamos en un hotel y nos dábamos horarios tope para el regreso. Ese día Tincho debía hablar con un abogado, Conrado Gómez (caso nro. 181), quien tenía un Estudio en Montevideo al 600. Nuestro hotel no era lejos. Él salió a las 10:00 y había salido sin documento. Salí con mi pequeña hija para llevarle el documento, conocía ese Estudio. Cuando salía del hotel, él regresaba porque se había dado cuenta. Nos cruzamos, me quedé en la plaza con la niña. Tenía el presentimiento de que algo pasaría. Pasaba que había una ratonera. A Conrado Gómez lo habían secuestrado el día anterior y esperaban secuestrar a cualquiera que fuera. Tincho fue y lo secuestraron. Por el relato del portero, a Tincho lo sacaron en camilla, supongo que le pusieron pentotal, y lo pusieron en una ambulancia sin chapa. Cuando se cumple la hora dejo el hotel, llamo a mi suegro para presentar el hábeas corpus, aunque no teníamos ilusiones. Al día siguiente vino mi suegro a presentarlo”.  

La clandestinidad

Emma continuó el relato: “mi suegro hizo los trámites. Yo ya tenía captura en Tucumán, me habían allanado la casa, vivía en la clandestinidad. Nosotros no habíamos contraído matrimonio por eso. Tincho trabajaba legalmente, no tenía problemas con su documentación. Cuando lo desaparecen tenía 29 años”. 

La búsqueda

“Mi suegro hizo muchos trámites, trabajó con Madres y Padres de la Plaza, llegaron hasta la OEA y nunca tuvimos información, hasta que salieron estas tres mujeres, Sara Osatinsky, María Alicia Pirles y Ana María Martí y ahí se conoció la historia de Tincho, que lo llevaban al traslado famoso que lo llevaban a los genocidas y le pusieron la pentotal y no le hizo efecto como al resto”, relató Emma Ahualli.

El vuelo de la muerte que no pudo ser

La compañera de Emilio contó sobre ese hecho, en el que “Tincho” iba a ser trasladado en uno de los vuelos, pero no pudo ser adormecido para ser arrojado al mar. “Él ya tenía su pentotal anterior y el efecto era retardado y no queda inhabilitado como otros. Cuando está sentado en el avión lo llamó Pedro Bolita (Carlos Galián) y le dice: ´te salvaste, pibe, te necesitan en Mendoza´. Dicen las compañeras que Tincho durmió un día entero. Tengo distintas versiones”.

El Ministerio Público Fiscal le preguntó a la testigo si Emilio pudo haber sido llevado a Mendoza y ella dijo que “sí, se supone que estos asesinos trabajan en combinación con la Marina, la Policía Federal y el Ejército, era una sociedad que funcionaba… Ese campo donde dicen que lo llevaron a Tincho son Las Lajas, que están cerca de la cordillera y que podía ser de la Fuerza Aérea. Era un equipo que funcionaba con toda impunidad, que sacaba a los prisioneros de donde quería. Habrá sobrevivido hasta mayo o junio, no tengo más datos de hasta cuándo estuvo con vida”. 

Los diarios

“En esa época los diarios hacían el mismo papel que hacen ahora: poner las noticias que quiere el poder que manejan los monopolios”, dijo Emma, y agregó: “sé la metodología de los diarios, porque fui protagonista con Paco Urondo. Estábamos en el auto con Ángela y los diarios decían que íbamos a tomar una comisaría usando como escudo a una niña. Esa era la perversión que tenían y la impunidad con la que se manejaban. El diario era cómplice, como con los enfrentamientos que no eran. Como el caso de los presos que se fugaban en Palomita”.

Los abogados defensores le preguntaron a qué diarios se refería y la testigo mencionó a Clarín, La Nación y Los Andes. 

Las Chacras de Coria 

La fiscalía le preguntó a Emma por Victorio Cerutti (caso 191): “lo conocí militando en Mendoza, los ladrones genocidas se apropiaron de su propiedad. En esa casa nos vimos cuando todavía no estábamos en pareja. Hacía ñoquis y yo metí mi cuchara en la salsa y por poco me corta la mano. No le gustaba que le tocara la comida cuando cocinaba. Mi hija salió así, aunque tenía seis meses, ella es así: no le gusta que toque cuando cocina, deben ser los genes. Tincho andaba resfriado y estaba con frazada caminando por la casa y en las reuniones del Partido le decían que parecía un armado tapado”.

“Me enteré de los negocios que hicieron los genocidas (con los terrenos de Cerutti). Malvenden con escribanos truchos, se la apropian los hijos de Massera, no sé claramente, pero ellos la tuvieron y la vendieron. Ahora se está aclarando lo de Papel Prensa, es increíble la impunidad de tantísimos años. Ahora la estamos conociendo. Armamos rompecabezas. 37 años para armar historias coherentes, para deducir por lo poco que conocíamos y los pocos genocidas que hablaron. Se apropiaron de nuestros hijos, de nuestros bienes, se robaron hasta los clavos de nuestros cuartos”, agregó la testigo. 

“Nunca nos sacamos una foto los tres juntos”

“Tengo la obligación como compañera de Tincho de que esté presente. Nuestra obligación como militantes es dar testimonio, nuestra militancia hoy es buscar verdad, tratar de conseguir memoria. Es increíble cómo aparece la memoria y va rearmando esas historias. Es obligación para los sobrevivientes traerlos a la vida y pedir justicia para ellos y que se termine la impunidad que viene de mucho tiempo antes. Es hora de la verdad: es un viento fresco en el alma. Esta lucha no termina: siguen los hijos. Queremos hacer homenaje a Laura Bonaparte, impulsora de esta lucha con todo el coraje de estas madres, coraje que no tienen los genocidas, quienes deben ser condenados como corresponde, en cárcel común, como todos los delincuentes”, así concluyó el testimonio de Emma. 

El caso de Osvaldo Rubén Cheula (nro. 69)

Osvaldo tenía 21 años de edad cuando fue secuestrado dos veces y llevado a la ESMA. La primera fue el 27 de agosto de 1976 fue secuestrado y llevado a la seccional Nº 35 de la Policía Federal Argentina. Luego fue trasladado a la ESMA, donde permaneció detenido-desaparecido hasta el 3 de septiembre de ese año. La segunda vez fue el 16 de noviembre de 1976, cuando estaba en Lanús, Provincia de Buenos Aires. Fue llevado nuevamente a la ESMA, donde permaneció en cautiverio hasta el 23 de noviembre del mismo año. 

El testimonio de Osvaldo Cheula

En el marco de la resolución de la Casación para abreviar los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad, Cheula amplió su testimonio y lo declarado anteriormente fue incorporado por lectura. Por este motivo, los jueces le dijeron que le pedirían aclaraciones sobre algunos de los hechos que están siendo juzgados.

Tras la primera pregunta del Tribunal, acerca de su detención por parte de la Policía el 27 de agosto de 1976, Osvaldo declaró que “después de la detención en el Pabellón 3 de arquitectura y después de una permanencia en un baño que funcionaba como lugar de detención, me llevan al Pabellón 1 de Exactas y desde ahí hasta la comisaría 35, me llevan en un vehículo de la Armada y me viene a buscar una persona de la Armada con ropa de fajina”. 

Cuando su padre y sus compañeros de la Facultad fueron a buscarlo a la comisaría fueron secuestrados. Sobre su cautiverio en la ESMA, Osvaldo relató que “había voces diversas y se escuchaba cuando había interrogatorios, había claramente indicios de que había personas siendo torturadas”. También contó que durante su primer período de cautiverio dormía “sobre baldosas de mosaico” y en el segundo fue “en una colchoneta, engrillado, con capucha”. 

Sobre la primera vez que fue liberado, Osvaldo dijo que “fue un momento de mezcla de llanto y alegría”. 

El caso de Hugo José Agosti (caso nro. 125)

Hugo, apodado “Pepe, tenía 23 años de edad y militaba en la JUP, Juventud Universitaria Peronista. Fue secuestrado el 7 de noviembre de 1976 y llevado a la ESMA. Sigue desaparecido.

El testimonio de Nidia Ester Agosti, la hermana de Hugo

“Juro por mi hermano, mi familia, los 30.000 compañeros desaparecidos y los niños secuestrados. Juro decir la verdad”, así comenzó su declaración, y agregó que Hugo “era estudiante de Arquitectura de la UBA. El domingo 7 de noviembre de 1976, después de haber almorzado en casa en familia, salió para encontrarse con compañeros de la Facultad para hacer una entrega de Diseño. No teníamos su teléfono. Mi hermano había quedado que si no volvía a dormir era que se había quedado en la casa de algún compañero, entonces mi mamá no se preocupó. El martes, no me acuerdo el horario, llegó mi vecina diciendo que había una llamada de un compañero de mi hermano que quería hablar conmigo. Llego a la casa de mi vecina y cuando atiendo el teléfono era un compañero de mi hermano, a quien conocía (Eddie). Me dijo que desde el domingo no sabían nada de mi hermano y que temían que lo hayan secuestrado”.

“¿Qué clase de madre es usted que no sabe dónde está su hijo?”

 “Era una noticia devastadora. Como pude, le dije a mamá lo que estaba pasando. Mi vecina se quedó acompañándola, hasta el día de su muerte lo hizo. Mi mamá pasó la noche conmigo, eataba muy alterada, con mucho miedo de que me vinieron a buscar a mí. Lo primero que hizo fue ir a la comisaría 2 de Martínez, hizo la denuncia de que mi hermano no había vuelto a casa y la respuesta que recibió fue: ´¿Qué clase de madre es usted que no sabe dónde está su hijo?´. No sabíamos qué hacer, los policías nos decían que no hiciéramos nada. Mis padres no hicieron nada, pero no podían callar, en el mes de diciembre se contactan con Graciela Lois, de Familiares, que es la esposa de Ricardo Lois, amigo de mi hermano, desaparecido en la misma fecha. Nos ayudó a hacer trámites. Posteriormente, cuando se crea la CONADEP y va a España a tomarles testimonios a los exiliados, Antonio Blanco García, compañero de estudios de mi hermano dice cómo fue el operativo”. 

Graselli

Entre los trámites que hizo la familia, hubo una reunión con Monseñor Graselli, quien “les dio a entender que los desaparecidos estaban muertos. Entonces pidieron los cuerpos, para darle cristiana sepultura y llevar la flor a la tumba. No hubo respuestas”, contó Nidia. 

“Pepe”

“En la Facultad lo conocían como el rockero, le gustaba la música, tocaba la guitarra. En la adolscencia estaba en un grupo de música y tocaban en carnavales. Trabajaba como preceptor del colegio secundario en Martínez hasta su desaparición (forzada)”, contó Nidia Agosti. 

“Quería agregar que fueron años muy difíciles. Como víctimas de estos hechos quedamos muy golpeados, muy abandonados por parte de la familia, reconfortados por parte de la familia, perdimos amigos, perdimos gente valiosa. Lo único que mis padres buscaron en todos estos años es que digan dónde están los cuerpos”. 

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 26 de junio desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte".
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa.
testigos declararon. Y se incorporaron parte de los testimonios del juicio anterior.
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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