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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


10 06 2013 | TESTIMONIOS
Día 62. "Quiero saber dónde está mi hija, si está viva o muerta", le dijo una madre a Graselli

Rosalinda Zunino buscaba a su hija Lidia. El Monseñor le respondió que no buscara más. Además de la hermana de Lidia, Elena, declararon los sobrevivientes Isabel Fernández Blanco y Federico Ibáñez, y Pablo Ferrari, hermano de Ariel, hijo de León Ferrari. 


Los casos de Lidia Alicia Zunino de Rossini (nro. 158) y Raúl Alberto Rossini Macías (nro. 213)

Sus apodos eran “Leticia” y “Negra”. El 10 de diciembre de 1976 a las 12:00 horas fue privada ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades de la ley. Estaba en su casa, ubicada en Martínez, Provincia de Buenos Aires, cuando un grupo de miembros de la Armada Argentina irrumpieron. Durante el operativo, su vivienda fue ametrallada y la víctima resultó gravemente herida, motivo por el cual fue retirada en una camilla. 

Posteriormente, Lidia fue llevada  la ESMA, donde permaneció detenida clandestinamente bajo condiciones inhumanas de vida. Desde entonces, sigue desaparecida.

Raúl era miembro del Consejo Nacional Montonero. Sus apodos eran “Pedro” y “Nariz con pelo”. El 28 de enero de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades de la ley. Estaba en la vía pública. Fue secuestrado en Agustín Álvarez al 800, en Vicente López, Provincia de Buenos Aires.  

Posteriormente, fue llevado a la ESMA, donde permaneció detenido clandestinamente bajo condiciones inhumanas de vida. Desde entonces, sigue desaparecido.

El testimonio de Elena Zunino, hermana de Lidia 

“Primero quiero presentar a la audiencia que ella es Lidia Alicia Zunino, la menor de cuatro hermanas (muestra la foto). El relato que voy a hacer es lo que yo recuerdo de los hechos, porque en el momento que ocurrieron mi familia y yo estábamos en la clandestinidad. Lidia y Raúl eran de San Juan, estudiaban en la Universidad Católica de Cuyo y rápidamente ingresaron al movimiento estudiantil. Militaron en el Partido Justicialista a la par del delegado de Perón. Luego ingresaron a militar en Montoneros”, contó Elena.

Según sostuvo, su hermana y Raúl salieron de San Juan en 1972 y se movieron por varias provincias del país. En Mendoza nació el primer hijo de ambos: Juan Martín. En 1976 estaban en Buenos Aires. “El contacto que yo tenía con mi hermana y su marido era muy afectuoso y familiar, pero dada la represión y lo que pasaba en ese momento, nos veíamos muy de vez en cuando y con mucha discreción”, describió la testigo.  

El secuestro de “La Negra”

Luego, Elena contó que en diciembre de 1976 Raúl se contactó con ella y su marido para decirles que tenían que ir a otra casa, en Villa Adelina: “Ahí Raúl nos cuenta que había caído La Negra. Nos dijo que había sido la armada. Nos habló de un operativo muy grande”, dijo.

El silencio de la Iglesia: “señora, no siga buscando”, le dijo Graselli a una madre

Elena declaró que cuando Raúl le contó a la madre de ambas que Lidia había desaparecido, la mamá –Rosalinda- pensó en la ESMA. “Empieza a ver cómo buscar a su hija, tampoco sabía qué quería decir todo eso, sólo quería saber dónde estaba su hija, viva o muerta. Fue a la ESMA, con coraje, inconsciencia. Por supuesto, no la dejaron avanzar. Se llevó un susto, estaban muy armados. Le dijeron que fuera a ver a Graselli a la Iglesia Stella Maris. Cuando fue se dio cuenta de que había una fila de madres que querían hablar con él. Fue a preguntarle al cura Graselli: `quiero saber dónde está mi hija, mi hija está en la ESMA, quiero saber si está viva o muerta´. El cura le dijo que no se preocupara. `Si su hija está muerta, será enterrada con cristiana sepultura. Al otro día volvió y el cura le dijo: `Señora, no siga buscando, usted tiene tres hijas más, cuide a sus hijas´. No volvió más ahí”. 

“Fue abatido un extremista”: el secuestro de Raúl

Un tiempo después, “cae el esposo de mi hermana. `Fue abatido un extremista`: el vocabulario de los diarios estaba lleno de adjetivos, decían lo que no era verdad. La búsqueda de mi madre se triplicó: tuvo que buscar a su hija, yerno y nieto. Fue al barrio donde estaba la casa en la que había caído mi hermana y quiso averiguar. Habló con los vecinos, tocó timbres. Los vecinos, con el miedo y horror que tenían, no respondían, pero una señora que barría la vereda le dijo que había sido un tiroteo muy grande y que `a su hija la sacaron envuelta en una manta verde, muy herida´. Esa fue la última novedad, después mi madre y yo hicimos distintas presentaciones en organismos de derechos humanos nacionales e internacionales”, contó la testigo, quien agregó que “el temor y el horror a la muerte era demasiado fuerte, pero su madre buscaba a su hija con demasiado amor, mientras protegía al resto. Mi madre murió sin saber dónde está su hija”. 

Elena supo por un sobreviviente del centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó en Campo de Mayo que Raúl también estuvo ahí. 

El “traslado” de Lidia 

En 1984 la familia supo que Sara Osatinsky la había visto en la ESMA. Un año después, Rosario Quiroga lo reconfirmó y agregó que “llegó muy herida y sé que al poco tiempo fue `trasladada´. Nunca supe qué pasó fehacientemente con mi hermana, todavía la sigo buscando”, dijo Elena.

Raúl tenía 30 años de edad cuando lo desaparecieron y Lidia 27. “Hoy es su cumpleaños. Hoy sería su cumpleaños. Nació el 10 de junio de 1949”. Lidia hubiera cumplido hoy 64 años. 

Las fotos de los recuerdos

Se exhibieron fotografías y le preguntaron a la testigo qué podía ver en las imágenes. “Es Lidia, es de las pocas fotos que pudimos rescatar. Se llevaron todo. De su casa no se recuperó nada. Ahí está Lidia en la fiesta de egresados de maestra, estudió en el colegio Santa Rosa de Lima. Esa otra es una foto familiar, creo que son las Bodas de Plata de mis padres”, dijo la testigo.

“Vine a declarar como víctima y sobreviviente de esta situación de terror que vivimos los argentinos. Quiero agradecer que haya estos espacios, que estos juicios se estén desarrollando. Desde hace 15 días que no duermo, por lo hablar de la historia anterior. Desde hace 15 días estoy tratando de recordar para rendirles homenaje a mi hermana y Raúl y en ellos a todos los compañeros y compañeras que no tienen voz, que fueron callados por la represión. Yo me salvé y ellos se salvaron. Quiero rendir homenaje a mi madre, que buscó incansablemente a su hija y yerno. Éste es un momento doloroso, pero siento algo de reparación en mi alma. Algo hice, me dieron la oportunidad. Me siento mejor”. Así concluyó la declaración de Elena Zunino.

El caso de Ariel Adrián Ferrari (nro. 230)

Su apodo era “Felipe”. El 27 de febrero de 1977 fue secuestrado en la vía pública por el Grupo de Tareas 3.3.2. Entre los miembros estaba Alfredo Astiz. En el operativo Ariel fue gravemente herido, por lo que habría llegado sin vida a la ESMA. Su cuerpo sigue desaparecido.

El testimonio de Pablo Ferrari, su hermano

“Soy hermano de Ariel, una de las víctimas”, dijo el testigo al comenzar, en referencia a su hermano, quien era apodado “Felipe” y tenía 25 años de edad cuando fue desaparecido. Ariel trabajaba de laboratorista del diario Noticias, “era militante de Montoneros y estudiaba Sociología”, contó Pablo. 

Cuando la familia supo que lo buscaban a Ariel, el padre, León Ferrari, “decidió que era mejor emigrar” y se fueron todos a Brasil, salvo Ariel. Él les envío cuatro cartas desde la Argentina, “que decían que la situación era muy mala, que era inútil pintar de celeste una situación gris”. También les escribió que sentía lástima porque iba a pasar la Navidad solo: “no me esperen, no voy a viajar”. En febrero de 1977 dejaron de recibir cartas y el padre decidió iniciar acciones de búsqueda fuera de la Argentina. 

Fue Astiz

El testigo contó que Martín Grass, sobreviviente de la ESMA, le dijo que “supo a través de Astiz que había participado en un operativo en un departamento en Villa Devoto, buscaban a un quebrado. Cuando Astiz y el chofer buscaban dónde estacionar, sale un joven (Ariel) y le dan la voz de alto”. En ese momento se produjo en tiroteo y Ariel resultó herido, fue subido a un auto y llevado a la ESMA. 

La novia de Ariel, Liliana Vietti, volvió de Brasil para buscar a Ariel y fue secuestrada con Susana Reyes y Osvaldo Mantello. Los tres fueron llevados al centro clandestino El Vesubio. 

La búsqueda

Pablo Ferrari relató que hicieron la denuncia ante el cardenal de San Pablo por la desaparición forzada de Ariel. También se pidieron ante Amnistía Internacional, la CONADEP, presentaron hábeas corpus, y el padre pidió que se hicieran excavaciones en el campo de deportes de la ESMA, ya que los sobrevivientes le dijeron a la familia que el cuerpo de Ariel habría sido incinerado ahí. 

“Nunca supimos del destino de mi hermano ni alguna información oficial que diga que murió”, dijo Pablo. Luego agregó que “los capellanes de las Fuerzas podrían estar como testigos. Mi padre mandó varias cartas a la Curia por las listas de los capellanes y respondió que no tenía esa información”. 

“Es un alivio poder asistir a este juicio después del esfuerzo de los organismos de derechos humanos”, dijo Pablo al finalizar su declaración, y denunció que los “criminales mantienen los pactos de silencio”, ocultan lo que saben sobre los desaparecidos y sus bebés. Pablo exigió que se abran los archivos de la Iglesia, institución a la que señaló por haber “apoyado políticamente al Golpe (de Estado)”. 

El caso de Federico Ramón Ibáñez (nro. 157)

Sus apodos eran “Félix”, “Ignacio” y “Ramón”. El 9 de diciembre de 1976 fue privado ilegalmente de su libertad por el Grupo de Tareas 3.3.2 con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades de la ley. Fue llevado a la ESMA, donde permaneció clandestinamente detenido, bajo condiciones inhumanas de vida y sometido a tormentos. 

Al llegar a la ESMA fue interrogado y torturado durante todo el día, fundamentalmente con picana eléctrica. Le fue asignado el número “711” y permaneció durante un período prolongado en el sector denominado “Capucha”. Dentro de la ESMA fue obligado a realizar trabajo esclavo. Dado que era contador, una de las principales tareas que le asignaron sus captores fue asesorarlos sobre la rentabilidad del negocio que intentaban hacer con las tierras de Chacras de Coria, en Mendoza. Fue liberado en 1979.

El testimonio de Federico Ibáñez

En la audiencia de hoy el sobreviviente declaró también por la causa que investiga el robo de bienes dentro de la megacausa ESMA. Lo primero que dijo es que “hay dolor para no recordar”. 

Federico tenía 33 años de edad cuando lo secuestraron en una cita acordada con otro integrante de Montoneros. Pero al llegar fue atacado por un grupo de personas, quienes lo encapucharon, lo subieron a un auto y le sacaron el anillo de casamiento: “fue el primer choque con la realidad, el símbolo de lo que uno quería, la familia”. 

Al llegar a la ESMA fue interrogado y torturado. Le preguntaban por la dirección de su casa, porque ahí estaba uno de los jefes de Montoneros, “Monra”. “La tortura es algo terrible, pensar en los valores de la familia es lo que me mantuvo para no decir nada”. Llegado un momento, una de las personas que lo torturaban le sacó la capucha y le propuso un trato para dejar de torturarlo: que hablara a cambio de detener las torturas. Finalmente, Federico aceptó el trato, porque acordaron darle a su mujer una hora de tiempo para irse con las hijas. Llamó a su casa y les dijo que se fueran, porque en una hora estaría ahí el Grupo de Tareas. Él habló con ella y luego el torturador: “La vida de tu esposo depende de vos, andate porque en una hora vamos a estar ahí”, le dijo. La mujer se fue, pero no le llegó a avisar a “Monra”, quien fue asesinado en la casa.

El cautiverio en la ESMA

Federico relató que estuvo casi un mes alojado en el mismo lugar dentro de la ESMA, tirado en una cucheta, “encapuchado, encadenado, de tanto en tanto pasaban un balde para hacer pis. Qué rico era el mate cocido con pan. Hoy en día me sigue gustando el mate cocido, porque era como una bendición”. 

Dentro de la ESMA, “Chiche”, un compañero, le preguntó si sabía que Montoneros había matado a su mujer por no haberle avisado a “Monra” que el Grupo de Tareas iba a ir a la casa. 

Otras víctimas

El ex detenido-desaparecido respondió sobre los nombres de otras víctimas de la ESMA. Afirmó haber visto ahí o haber tenido conocimiento del cautiverio de: “La Negra García”, Roberto Ahumada (caso 89), Marcelo Hernández (caso 182), “Barbarella”, “Coca” (Marta Bazán, caso 107), “Laurita” (María Laura Tacca de Ahumada, caso 116), “El Gordo Alfredo”, Conrado Gómez (181), Victorio Cerutti (191) y Horacio Palma (190). 

Los verdugos

Federico Ibáñez declaró que en la ESMA vio a los imputados Jorge Eduardo “El Tigre” Acosta, a quien identificó como el jefe visible del Grupo de Tareas. Nunca lo ocultó, era el responsable máximo de lo que ocurría ahí”; Rolón; Astiz; Pernías; “Dante” (García Velasco); “220” (Weber); “Fragote” (Generoso) y “Fibra” (Rioja). 

Causa “Bienes”

La segunda parte de la declaración del testigo estuvo destinada a la investigación por la apropiación de bienes de personas desaparecidas por la última dictadura cívico-militar. 

Ibáñez habló de la empresa “Will-Ri”, cuyo nombre está confirmado por la suma de “William (Guillermo)” y Ríos, apodo adjudicado al imputado Rádice. El sobreviviente relató que fue enviado a Mendoza para analizar la rentabilidad de los terrenos de las Chacras de Coria, de propiedad de Victorio Cerutti, detenido-desaparecido en la ESMA. Señaló que en los vuelos fueron Rádice, Cédola, “Dante”, “Gato” (Alberto González) y un escribano mendocino, de apellido Campoy. 

Firmenich

“Mi historia de militancia y colaboración (con Montoneros) empezó cuando Firmenich me pide que ayude”, dijo Ibáñez y explicó que alojaba gente en su casa. “Participé equivocadamente de un aparato de generación de violencia horrible a partir del enfrentamiento con Perón y la muerte de Rucci, que fue injusta. La primera vez que vi a Firmenich le pregunté por qué habían matado a Aramburu”, relató el sobreviviente de la ESMA. También contó que “yo jugué al fútbol con Firmenich”.

Para terminar su declaración, el testigo remarcó que no siente odio por ningún “bando” y pidió perdón “para mis enemigos de entonces y para los jóvenes que se vieron envueltos por mi irresponsabilidad”. Los abogados defensores de los imputados lo aplaudieron. Tras un cuarto intermedio, el abogado Guillermo Fanego pidió disculpas a los jueces y expuso que se sintió identificado con el testigo por ser padre soltero. La querella del colectivo Justicia YA pidió que el defensor sea sancionado y la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación manifestó su adhesión al pedido, que será presentado por escrito, por indicación de los jueces. 

El testimonio de Isabel Fernández Blanco

Isabel dio testimonio varias veces, ésta fue la primera vez en el marco de la megacausa ESMA. La mayoría de las veces fue en la causa que investiga los delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos que conformaron el circuito represivo “ABO”, conformado por los centros Atlético, Banco y Olimpo. 

La testigo es sobreviviente y relató la relación entre El Olimpo y la ESMA. El 25 de diciembre de 1978 hubo un traslado a la ESMA de un grupo de detenidos-desaparecidos en El Olimpo. No volvieron más. Era un grupo que había secuestrado junto. “Esa noche escuchamos ruidos de puertas que sea abrían y cerraban, gritos. Cuando abrieron nuestra celda supimos que se habían llevado a todo el grupo a la ESMA”. Entre las víctimas estaban Ana María Sonder (879) y Jorge Lewi (877).

Sostuvo que esto no los sorprendió, porque no era la primera vez: Sergio Cetrángolo (caso nro. 471) ya había sido llevado a la ESMA y regresado al Olimpo, al igual que Susana Caride. Luego de su liberación, Mario Villani, quien también estuvo secuestrado en El Olimpo, le contó que a fines de enero de 1979 se realizó el traslado de otro grupo a la ESMA.  

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 12 de junio desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales. 

 

 

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte".
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa.
testigos declararon. Y se incorporaron parte de los testimonios del juicio anterior.
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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