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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


03 06 2013 | TESTIMONIOS
Día 59. "Me quedé con mucho miedo", dijo Beatriz Tebes, sobreviviente de la ESMA

Lo dijo en la audiencia de hoy. También declaró Ricardo Valeriani por el caso de María Elvira Motto, quien continúa desaparecida.


El caso de Beatriz Manuela Tebes (nro. 656)

El 23 de mayo de 1976 por la mañana, Beatriz Manuela Tebes, María Elena Funes de Perniola, Silvia Guiard y Olga Villar fueron privadas ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. Estos hechos se cometieron en el marco de un operativo grande, realizado en la casa de la comunicad jesuítica del Barrio Rivadavia, en el Bajo Flores, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde las cuatro víctimas concurrían como catequistas.

Las mujeres fueron trasladadas a la ESMA, donde estuvieron en calidad de detenidas-desaparecidas, bajo condiciones inhumanas de vida. Fueron encapuchadas, engrilladas, esposadas, sometidas a interrogatorios y amenazadas de muerte. Funes Guiard y Tebes fueron liberadas en la madrugada del 24 de mayo de 1976 al borde de la Ruta Panamericana, en Don Torcuato, Provincia de Buenos Aires. Villar fue liberada el 25 de mayo de ese año, a las 2:00 horas, cuando fue empujada desde un auto, vendada, en la calle Migueletes, cerca de su cruce con la Av. del Libertador.

El testimonio de Beatriz Tebes

En su declaración de hoy contó que “el 23 de mayo de 1976 yo trabajaba en la villa del Bajo Flores. En ese momento tenía 17 años de edad. Mi tarea en la villa había comenzado en 4º año del secundario. Estuve desde 1974 hasta mayo de 1976".

A continuación, la sobreviviente relató sus recuerdos sobre el día del secuestro: “era domingo, durante la ceremonia de la misa se escucha un ruido, giro la cabeza y veo un colectivo pintado de marrón, muchos coches, mucha gente”, luego agregó que “a primera vista parecían soldados. Nos miramos entre nosotros. La misa continuó y terminó. Al finalizar, esta gente entró a la Capilla diciendo que los que eran del barrio vivían en la villa tenían que ir y estar en su casa, no salir. Nos quedamos solamente nosotros. Cuando la gente se fue pudimos ver la casita de los curas humildes... Desde la villa pude ver gente de la zona de la casa de los curas. No sé cuánto tiempo estuvieron con nosotros en ese lugar. No recuerdo ni qué me preguntaron. Cuando nos suben arriba de un colectivo pintado entre marrón y verde. Apenas subimos nos colocaron una capucha en la cabeza y nos hicieron sentar en el piso”.

Beatriz relató así ese día en el que fue secuestrada y llevada a la ESMA. Este testimonio está vinculado a los demás del grupo de la villa de Bajo Flores, al tratarse de un secuestro grande.

“Ese día había gente que había ido por primera vez a conocer el lugar. Gente que yo no conocía ni siquiera el nombre. En esa instancia, una compañera empezó a rezar el Padre Nuestro en voz alta. Cuando dejaron de ver, quisimos escucharnos. Nos dijeron que no, que estemos en silencio. Al ratito empezamos a rezar otra vez. Dijeron: el fusil va a hablar por mí. Sé que iban rápido, sé que chocaron, no sé si entre ellos o con otro. Enseguida retomaron la marcha”, sostuvo la ex detenida-desaparecida Beatriz Tebes.

El cautiverio en la ESMA

“Llegamos. El colectivo estacionó. Siento que una persona me agarra el brazo para que baje. A partir de ahí, no sabíamos dónde estábamos. Me llevaron a un lugar, me sentaron en el piso. Seguía con la capucha. Nos pusieron algo en los pies para inmovilizarnos. Ahí me sentí muy mal. Empezamos a hablar. Pidieron silencio y nos callamos. El miedo nos dominó. También me pasa que sé que estuve bastante tiempo ahí, hasta que en un momento viene alguien y me lleva a otro espacio. Ya en ese lugar, estoy yo con una persona sola, que me dice que me va a sacar la capucha. No sé qué dice, pero lo primero que vi es que él tenía puesta una capucha y se le veían los ojos. Lo primero que me pregunta es qué hacíamos en la villa. Le contesté que nosotros hacíamos catequesis, le explicaba todo eso. Me escuchó. No hubo diálogo, no fue una conversación. Después me preguntó por los volantes. Eran papeles que hacíamos para informar a las familias el horario de catequesis. Después me hicieron dibujar. Cuando me sacan la capucha puedo verlo, ahí creo que era un baño, porque había un espejo grande. Me da para que dibuje y escriba algo. Yo dibujé una cruz y escribí una oración para pedirle a dios que nos ayudara a todos en ese momento. Este señor tenía un arma y me la dio”, contó Beatriz en su declaración de hoy en el juicio.

Luego, relató que le preguntaron si tenía novio y si mantenían relaciones sexuales. También la interrogaron para saber si conocía a determinadas personas. “Me vuelven a poner la capucha. Ahí no terminó la estadía. Vuelvo a otro lugar. Permanecimos con la capucha bastante tiempo, para mí fue muy largo, las horas, los minutos, hasta que pasado el tiempo se escuchan voces y como que nos llaman: nos dicen que nos iban a liberar, pero que no podíamos volver a pisar la villa: si vuelven aparecen muertos en un zanjón. Nos trasladaron a otro espacio, nos sacaron la capucha, seguía sin ver nada, me pusieron algodones y cinta blanca”, contó Beatriz.

La liberación

Dentro del auto en el que Beatriz fue sacada de la ESMA iba varias personas: “estábamos todos asustados. El viaje no fue muy largo”, dijo y contó que pudo medir la duración, porque “estaban pasando sólo dos canciones”.

“Nos bajaron en el pasto, al costado de la General Paz. Lo primero que vi fue un cartel que después me enteré que era un boliche, creo que en la Panamericana. Fuimos a una estación de servicio. En esa época en mi casa no había teléfono. Yo no conocía la zona. Pude tomar el colectivo 28. Llegué a casa tipo cinco de la mañana. Al llegar estaban mi papá, mi mamá, mi hermana y mi hermano”, relató Beatriz. 

La identificación de la ESMA

La fiscalía le preguntó a Beatriz cómo supo que el lugar en el que había estado secuestrada era la ESMA y ella dijo que lo supo un tiempo después, cuando vio “imágenes en la tele y vi el sótano. Yo tuve memoria al ver la columna, yo esposada a la columna, con las manos atrás”. También recordó que “había mucha humedad y hacía mucho frío”.

Para finalizar su testimonio, Beatriz dijo: “me quedé con mucho miedo”.

El caso de María Elvira Motto (nro. 814)

Era militante de Montoneros y su apodo era “Bombón”. El 12 de diciembre de 1976 cerca de las 19:30 horas fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. María Elvira estaba en su departamento de Av. Belgrano 3076, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuando llegó un grupo de más de veinte personas con armas largas, movilizados en tres o cuatro vehículos y un camión que tenía identificaciones de la ESMA. La intimaron a que saliese y, al no obtener respuesta, arrojaron gases lacrimógenos contra la puerta hasta que la violentaron y entraron. Cuatro personas la sacaron de la vivienda envuelta en una frazada, mientras que los demás integrantes del grupo armado comenzaron a sacar todos los elementos de valor que había en el inmueble y los cargaron en el camión.

María Elvira Motto fue trasladada a la ESMA y continúa desaparecida.

El testimonio de Ricardo Horacio Valeriani


En la audiencia de hoy el Ministerio Público Fiscal le preguntó al testigo sobre su vínculo con la familia Motto: “era muy amigo del padre de Elvira, Juan”, respondió, y agregó que “la hermana de Elvira era compañera de mi esposa y nos hicimos amigos”. Sobre la edad de Elvira, dijo que tenía entre 26 y 27 años al momento de su desaparición forzada.

Ricardo también contó que “Elvira se comunicaba con nosotros para que les avisemos a los padres que estaba bien. Cuando vimos el diario La Razón, que decía que habían abatido a una chica llamada Bombón, nos pusimos en contacto con la familia. Lo acompañé (a Juan) a varias comisarías en la búsqueda de la hija”.

La casa de Elvira

“Después, no sé cómo averiguó el padre el lugar donde estaba viviendo en sus últimos días. Fuimos y alguien nos indicó la habitación donde vivía Elvira. Ahí vimos que la puerta estaba rota, estaba todo desordenado. No había manchas de sangre en el lugar. Se nos arrimó una persona, un vecino de ahí, no recuerdo el nombre. Nos informó que habían ido varias personas de civil, incluso sobre los techos, y que sacaron un cuerpo de esa habitación, envuelto en una frazada”, relató Ricardo. Esa visita a la casa de Elvira fue alrededor de tres o cuatro días después de su desaparición forzada, según dijo el testigo.

Otro dato que obtuvieron de los vecinos fue que las personas que realizaron el operativo eran marinos: “hablaron de la Armada”, dijo Ricardo.

Elvira

“Bombón” era militante de la organización Montoneros. Según Ricardo, es probable que haya estado en el área de prensa. “Una vez, yendo con mi esposa a Miramar, nos informó cuáles eran sus ideales. Estaba muy embebida en el tema”. Además, Ricardo dijo que Elvira era “delegada de los docentes, tenía actividad gremial en una escuela de José C. Paz”. En su declaración, el testigo sostuvo que la hermana de Elvira le había dicho que estaría embarazada.

Próxima audiencia

El juicio continuará el miércoles 5 de junio desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte".
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa.
testigos declararon. Y se incorporaron parte de los testimonios del juicio anterior.
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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