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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


10 09 2018 | TESTIMONIOS
Comenzaron las declaraciones testimoniales: "Era un infierno", dijo la sobreviviente Elsa Guerrero

Este lunes pidieron ampliar su declaración indagatoria los imputados Ramón Roque Zanabria y Horacio Luis Ferrari. También declararon dos sobrevivientes del centro clandestino de detención, tortura y exterminio ESMA: Mario Ángel Morán (caso 918) y Elba Susana Guerrero (caso 919).


Declaraciones indagatorias

El imputado Ramón Roque Zanabria volvió a explicar que no pudo ver el sumario que se le inició mientras estaba en la ESMA por el robo de bienes, contó nuevamente que él se encontraba en uno de los dos grupos de retén y se ofreció como voluntario para salir en comisión. “Nos llevan a un domicilio para traer cosas. Pregunté a un oficial si me podía llevar para la Guardia un metegol, un juego de damas y un juego de ajedrez”, declaró. Agregó que nunca supo que había sido sancionado y añadió que esto “fue armado y preparado para que caigamos los de abajo”. “Estamos injustamente detenidos, por un simple sumario estoy acá”, expresó.

Una de las querellas le hizo diversas preguntas a través de las cuales amplió detalles de su declaración previa. Aclaró que no entraron a la casa de donde se llevaron las cosas, dijo que éstas estaban en un pasillo y que desconoce quién las puso ahí. Nadie habría preguntado de quién eran los objetos ni qué había sucedido en la casa. Zanabria especificó que a los juegos los vio en el Pañol de la ESMA, donde se guardaban los bienes robados de los operativos, pero que él no sabe de dónde provenían esas cosas. Relató que descargaron todo en el patio del “edificio de Oficiales” de la ESMA, que en ese edificio estaba el Pañol, pero que él no podía ingresar, y que los vio porque la puerta estaba entreabierta; supuso que los juegos se los pidió a Roberto Colquhoun y no se los dieron.

Por su parte, Horacio Luis Ferrari también amplió su declaración indagatoria y expuso sus actividades dentro de la Armada después de 1983 y aclaró que nunca fue objetado al momento de sus ascensos por ningún organismo. Contó que la resolución en la que se aprueba su condecoración “no cumple en nada con lo prescripto” por las normas. En otra parte de su declaración explicó que las correcciones y tachaduras de los legajos de concepto “son normales” ya que nunca se pensó que servirían como prueba judicial. Asimismo, dijo: “en ese legajo hay cosas agregadas que no son mías”.

Además, Ferrari contó que se comunicó con su homónimo (Horacio –Juan- Ferrari), quien tuvo el mismo cargo y realizó cursos similares a los que hizo él y que en el momento de los hechos se encontraba en Buenos Aires, aunque aclaró que no es una acusación contra él. En este sentido, tanto la fiscalía como su abogado defensor pidieron que se solicite a la Armada Argentina la documentación relacionada con Horacio Juan Ferrari.

Declaraciones testimoniales: Mario Ángel Morán y Elba Susana Guerrero

Mario Ángel Morán y Elba Susana Guerrero son dos sobrevivientes del centro clandestino de detención, tortura y exterminio que declararon por primera vez este lunes en un juicio oral y público por los delitos cometidos en su contra.

Morán relató que fue secuestrado el 29 de enero de 1978. En ese momento trabajaba en el diario La Nación y ese día su novia (Elba Susana Guerrero) le avisó que había fallecido Jorge Martín. Del velatorio, en la casa de los Martín y en el que estaba Guerrero, un grupo de personas se llevaron a la hija de Martín, Alejandra. Guerrero relató que se habían identificado como Brigada de Estupefacientes. A Alejandra Martín la acompañaron su hermana, quien era abogada, y su tío, comandante de Gendarmería. Morán se enteró posteriormente que cerca del Puente de Dock Sud hicieron bajar a la hermana y al tío de Alejandra y a ella se la llevaron en uno de los autos.

Guerrero y Morán se dirigieron a Banfield, a la casa de Morán. Unos vecinos les avisaron que había mucha gente en la puerta del domicilio. Morán relató que cuando llegó a su casa, personal perteneciente a la Brigada de Lanús, que “tenía armas largas y camperones de la Marina”, le dijero que tenía una denuncia en su contra por drogas y que debía acompañarlos. Morán pudo ver que sus padres estaban en la calle también. Lo subieron a un auto y también a su novia. 

Morán vio bajar gente con armas largas de los techos, sin identificación. En un momento del viaje los esposaron y los encapucharon; Morán identificó que pasaron por Camino Negro, dieron “varias vueltas” y entraron “en una avenida de mucho tránsito y luego una calle de adoquines”. “Llegamos a una especie de estacionamiento, nos bajan, por debajo de la capucha identifico baldosas, unos escalones de mármol; veo unos barcos de madera contra la pared y un mostrador con una radio encendida; me preguntan por qué estoy de traje, me sacan las pertenencias y nos sientan en un banco”, relató Morán. En ese lugar les colocaron grilletes en las piernas.

“Yo tenía un vestido negro con lunares blancos y me lo arrancaron, teníamos las manos atadas y no podía taparme. Además de escuchar música olí a quemado”, describió Guerrero. A las horas, llevaron a dos personas a quienes reconocieron: Alejandra Martín y Abel Omar Calcagno (caso 448). 

Morán puntualizó que los llevaron en ascensor a un altillo, que después supo que se llamaba “Capucha”. Detalló que había unas cuchetas con colchonetas, el ruido de aviones, de tránsito de una avenida y de agua. “En ese momento yo no sabía dónde estaba”, aclaró. Guerrero declaró que los llevaron a un lugar con “techo a dos aguas, con tabiques, y Alejandra estaba al lado mío”. “Cuando volví a la ESMA no dudé de que había estado ahí”, afirmó Guerrero.

Después de unos días, relató Morán, lo llevaron a otro lugar para interrogarlo. Le preguntaron cuál era su actividad política y él refirió que era “integrante de la Juventud Peronista y hacía ayuda social”. También le preguntaron por algunos amigos de su infancia: José Pablo Ventura, Abel Calcagno y Alfredo Hansen. Aclaró que le preguntaron por otras personas, pero que no podía recordar sus nombres.

“Siempre quise poder explicarle a la sociedad que no estábamos cometiendo ningún pecado capital”, señaló Morán, y contó que a Alejandra Martín y Elba Susana Guerrero las había conocido a través de la militancia. Ellas “eran docentes y colaboraban en el barrio, con los chicos”. A los días los interrogadores lo torturaron ya que no les “conforma lo que dijiste” y comenzaron a preguntarle qué cargo tenía en la organización Montoneros y le decían que estaba mintiendo. Morán relató que durante la tortura estaba en “un camastro sin colchón, esposado a la cabecera, desnudo y picaneado”. Luego de esa sesión registró al menos una más: “más no recuerdo o mi mente lo borró”.

Guerrero también relató que fue torturada con picana y que realizaban simulacros de fusilamiento. “Me nombraban personas a las que yo no conocía (…) me decían que me iban a tirar muerta en los bosques de Ezeiza”, contó. “Había un chico muy joven al lado nuestro que se llamaba Pablo, al que le iban a festejar el cumpleaños. En Capucha pasaban chicas con grilletes que me ofrecían productos higiénicos”, refirió Guerrero. “Un día me sacaron la capucha y me sacaron una foto”, recordó. “Yo gritaba y me oponía en todo momento a todo, pedía que me explicaran por qué estaba ahí: creo que por eso me torturaron tanto”, agregó Guerrero.

Mientras estaba en Capucha, una persona le pidió a Morán que se levantara la capucha. “Él tenía una venda”, explicó y describió que esta persona le contó que era abogado, defensor de presos políticos, le dio las indicaciones para que encontrara una librería de Temperley en la que trabajaban unos parientes y le pidió que fuera ahí y les dijera que lo había visto en el centro clandestino.

“A Susana la habían torturado mucho”, relató. “Abel estaba cerca. Después me dijo que le llevó muchos años recuperarse. Las secuelas psicofísicas mantienen su vigencia en nosotros y en la sociedad. A Abel lo torturaron mucho. Lo acusaban de ser el jefe financiero de la Columna Sur de Montoneros. Era peronista”, contó.

A los cuatro los liberaron por la noche. A Guerrero una persona le recomendó “que debía ser una buena mujer”, que se casara y que tuviera muchos hijos, que siguiera estudiando. Los apilaron en el piso de un auto, encapuchados y esposados. Primero dejaron a Martín y Calcagno. A Susana Guerrero y a él los hicieron bajar en Avellaneda, cerca de la estación de tren. Escucharon un corso cerca por lo que supusieron que era una de las noches de carnaval. “No se den vuelta, bajen”, les dijeron, les hicieron sacar las esposas y las capuchas en el auto y los pusieron contra la pared. 

El jefe de Personal del diario le dijo a Morán que llamó alguien para “indicar que no se tomaran medidas” en su contra. Morán contó que varias veces percibió que lo seguían, una vez en su casa de Almirante Brown en la que vivía con Susana Guerrero cuando se casaron y otra vez que intentó ir a la librería de la persona que habló con él en Capucha. Guerrero también sintió lo mismo.

Guerrero contó que sus compañeros habían seguido estudiando mientras que a ella no le “quedó nada, tenía el cerebro vacío”. “Me recibí muchos años después. Cada una de las carreras que terminé fue el triunfo de recuperarme de ese trauma. No es cuantificable el miedo que sentía, un miedo visceral que me siguió mucho tiempo”, describió Guerrero.

“Fue un antes y después”, dijo Morán, “somos sobrevivientes y lo podemos decir”. “Todavía nos corre frío por la espalda cuando nos damos cuenta de que estuvimos en el centro clandestino de detención más grande de la Argentina”, explicó. “No tengo ánimo de revancha, simplemente que esto sirva para que se haga justicia”.

“Era un infierno. Esta es mi absoluta verdad que durante muchos años no pude hablar”, finalizó Guerrero.

La próxima audiencia se realizará el lunes 17 de septiembre a partir de las 9:30.

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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