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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


04 09 2014 | TESTIMONIOS
172. "Siempre tengo una fotografía (de Hilda) encima"

Lo contó Ramón Verón, quien declaró por el caso de su compañera Hilda Cardozo, quien sigue desaparecida. Además, declaró Margarita Fernández por el caso de su compañero, Héctor Polito, quien fue asesinado. Por otro lado, prestó declaración testimonial Alberto Iaenlli, por los vuelos de la muerte


El testimonio de Ramón Aquiles Verón, compañero de Hilda Yolanda Cardozo

"La detención viene a raíz de varias detenciones previas, estamos hablando de mayo del año 1978, pre-mundial de fútbol, donde fueron detenidos mi hermano, un chico de 17 años, y mi papá. A raíz de esas detenciones, en los que los torturaron a ambos en la Fábrica Militar de Armas Portátiles, fue que llegaron a mi casa. Yo vivía en otra zona y ahí fuimos detenidos, fuimos llevados también a la Fábrica de Armas. Pasó mucho tiempo de mi cautiverio y de tormentos, hasta tanto llegar a cárceles, en mi caso, a cárceles legales, donde en la reconstrucción de estos pasos, de estas historias de las personas, fui descubriendo que habíamos estado en La Perla, de Córdoba", relató Ramón.

De la ESMA a La Perla

"Compañeros que estaban detenidos conmigo comentaron a través de sus compañeros, familiares, que Hilda Cardozo había estado en La Perla y que ella comenta que venía de la ESMA. Fue un primer dato para mí muy importante de saber cuál había sido su recorrido, el cual hoy sigue siendo una incertidumbre", agregó el testigo.  

Ramón supo que Carmen Pérez de Sosa vio a Hilda en La Perla: "a través de ella y su compañera, quien estaba detenido conmigo, le decíamos Chiquito Sosa, fue que yo tomo conocimiento. Éste es el primer dato, el dato más importante, hasta ocurrido ya el juicio a las Juntas". Ramón fue liberado "a fines del ´83". 

"Para los que no teníamos la dimensión de lo que era la figura del desaparecido, y hoy que ha pasado tanto tiempo más, nunca pensamos que iba a ser para siempre. Así que esto fue tomando volumen a medida que pasaba el tiempo, y fue necesario sobreponerse a eso para poder hacer este relato. De Hilda volvemos a saber ya por más testigos en el juicio a las Juntas, en el que varios sobrevivientes de La Perla relatan exactamente lo mismo por haber compartido con Hilda en una cuadra de La Perla, que ella venía de la ESMA", sostuvo el testigo. 

Fabricaciones Militares: otro centro clandestino

Ramón contó que el secuestro se produjo en Rosario: "En Mangrullo 5250, una zona, una villa de emergencia. Yo trabajaba en Swift, era obrero de Swift, que está al lado de ese lugar. Desde ahí el grupo nos secuestra. No aparecieron de la nada, sino que tenían secuestrado a mi hermano y lo extorsionaron a mi papá para que delate dónde vivía yo, porque era el único que sabía. A esto lo descubren porque mi hermano relata que para encontrarme había que preguntarle a mi papá". 

"A mediados de mayo del ´78 nos sacan de Fabricaciones Militares en dos autos distintos. Yo notaba que iba en un auto y cuando llegamos a determinado lugar, habrá sido a las tres o cuatro horas, pregunto por Hilda y alguien me contesta: ´Quedate tranquilo que La Salteña está bien´", dijo Ramón y agregó que cuando los secuestraron, Hilda tenía un documento falso, en el que figuraba que era correntina. "En los interrogatorios y en el centro clandestino que funcionaba en la Fábrica de Armas había uno de los del grupo de tareas, Eduardo Costanzo, tucumano, que es el que descubre su tonada, que no es correntina, sino salteña". 

Letra y número

Ramón respondió a la pregunta hecha por la Fiscalía acerca del segundo lugar al que fue llevado. Recordó que había mucha gente y que después de sacarle las esposas le pusieron una cadena con candado. "Me dijeron el número y me dieron una letra y que ya no era más Ramón Verón ni El Gato, como me decían hasta ahí. Me alojaron en un calabozo que era muy pequeño, con una puerta antigua de reja y otra de chapa ciega con una mirilla". 

"En un momento me incorporé, seguía vendado, y espié por la ventanilla. Vi otras celdas en frente, abiertas, con personas. Había una chica embarazada, con cabello rubio, pelirrojo, otro chico con barba, y que deambulaban sin esposa y venda. Incluso ella, creo que tenía un yogur en la mano y un colchón en el piso. Yo no tenía nada de eso", rememoró Ramón, quien luego contó que siempre había creído que había estado en el centro clandestino "Club Atlético", pero que luego supo que ese lugar fue demolido antes de su secuestro. También sostuvo que no sabe en qué lugar estuvo y que fue interrogado sobre dos compañeros de Hilda: Sergio León Kacz y Verónica Freier. Los cuatro militaban en el Frente Revolucionario 17 de octubre. Ramón tenía 21 años cuando fue secuestrado y cumplió los 22 en cautiverio.

La Fiscalía le preguntó si logró retener alguno de los apodos con los que se nombraba a sus captores: "Puma, Gato, Kung Fú", respondió el testigo. Después le preguntaron qué información sobre Hilda pudo conocer a través de Carmen Pérez de Sosa: "lo más terrible de cómo estaba físicamente, quemada, psíquicamente alterada, y desnuda, y con un tapado de piel que la cubría, pero totalmente desnuda, digamos, y hablamos de junio del ´78, que hizo mucho frío". 

"Lo que sé por estos compañeros de La Perla, es que hubo varios intentos de traslado y, porque no había plafón, la volvían a traer, hasta que un día la sacaron, una tercera vez, y nunca más supimos nada de ella!, dijo Ramón sobre Hilda, a quien apodaban "Cati" y tenía 25 años de edad cuando fue desaparecida.  

En Salta, Hilda había participado en la campaña del gobernador Miguel Ragone, quien también fue víctima de delitos de lesa humanidad. 

"Siempre tengo una fotografía (de Hilda) encima"

Esa fue la respuesta de Ramón ante la pregunta de la Fiscalía para saber si había traído al juicio alguna imagen de su compañera. La fiscalía le propuso exhibirla y Ramón aceptó.

"Se nota que seguimos con la incertidumbre. En mi caso personal, más allá de los intentos que uno hace para reconstruir toda esta historia, siempre me conecto con personas que han estado en estos lugares, no saber todavía si era El Atlético, el Banco, Olimpo o la ESMA, o Campo de Mayo, llegaron a decirme algunos. En algún momento, buscábamos a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros con vida. Después, empezamos a buscar sus esqueletos, y a veces encontramos en los archivos el día de su asesinato, los orificios de bala donde ingresaron en cada cuerpo, pero el cuerpo tampoco está, porque fue tirado a un osario y porque, a esta altura, administrativamente es muy difícil recuperarlos. Yo, en todo este padecer, y en todo este dolor que, como los juicios de lesa humanidad no prescriben, me estoy convenciendo que el dolor tampoco prescribe. Todos los datos, toda la información que nosotros volcamos como sobrevivientes, esperamos y espero que sea útil, como antecedente, para que se haga justicia y se revele de una vez por todas lo que hemos padecido", dijo Ramón al concluir su declaración testimonial. 

El testimonio de Margarita Fernández Domínguez, compañera de Héctor Osvaldo Polito

"Mi esposo era militante (Juventud Peronista) desde muy joven. Cuando nos casamos estaba militando, militó siempre. El día que salió de casa tenía que reunirse con compañeros de militancia, como a las siete de la tarde. Pasó el tiempo, no venía, lo esperaba a la noche y no venía. Me quedé en casa con mis hijos, esperando a ver qué pasaba, que viniera el día, que amaneciera, para poder contactarme con mi familia o con alguien", recordó la testigo.

El secuestro de Margarita

El caso de Margarita no está contenido en este juicio por la megacausa ESMA, pero sí el de su compañero, por cuyo caso ella es testigo. Héctor tenía 32 años de edad cuando lo asesinaron. Lo apodaban Ñato. 

"En la madrugada del 24 de noviembre (de 1978) -él salió el 23 de noviembre para esa reunión- antes de que amaneciera, me golpean la puerta en casa y me habla mi suegro. Me dice: ´Nena, soy yo, abrime´. Abrí la puerta y entraron tres o cuatro personas con él y empezaron a revolver la habitación. Los chicos dormían. Yo pregunté qué había pasado y me dijeron que a mi marido le había explotado una granada en la mano. Yo no entendía nada, porque mi marido no salió con una granada. Dijeron que había muerto y que entonces a mi suegro lo llevaron para que reconociera el cadáver. Me dijeron que vistiera a mis hijos, que los iban a llevar para después entregárselos a mi suegro, y así lo hice. A mí me llevaron sola, sin mis hijos. Por un lado, llevaron a mis hijos; por otro lado, me llevaron a mí en un coche de esos que usaban en esa época, los Falcon, me parece que era así, un coche grande, medio viejo. Me taparon. Ya estaba amaneciendo cuando salí de casa. Me taparon con una campera, creo, arriba de la cabeza. Empezó a circular el vehículo y en un momento traté de mirar para ver a dónde íbamos y vi que estábamos en General Paz, a la altura del Parque Saavedra, pero yo realmente no sabía de la ESMA, ni mucho menos, no tenía idea. Sé que siguió el viaje y al poco tiempo el coche empezó a saltar, como en un camino desparejo, de tierra. Después entró en un playón grande y ahí me hicieron bajar del auto y me llevaron a un cuarto, y en el piso de ese cuarto estaba mi marido ya muerto. Yo destapé un poco el cuerpo, lo miré y vi que tenía un tiro, sería, un buraco acá, del lado derecho, y nada más", relató Margarita. 

Héctor

"Estaba sin ropa y en ese lugar había una persona que decía ser sacerdote. Después me llevaron a un lugar que era como un portón muy grande, era como un garaje, yo no sabía realmente dónde estaba, había cuartos y me pusieron ahí, en un cuarto, había una cama, una mesita y me dejaron ahí. Después, no sé exactamente en qué tiempo, volvieron o no volvieron, me traían comida, me dejaban ir al baño, me hacían bañar. Un día trajeron un papel como si fuera una encuesta para que contara lo que sabía de la militancia de mi marido, de gente que conociera. Una de las preguntas era si sabía qué era la ESMA y yo realmente no sabía. Otro día apareció a verme Marta Bazán, quien era militante, militó con mi marido, había estado en mi casa, incluso había traído a su hijo una vez. Me saludó y me dijo que realmente ella se había dado cuenta de que estaba equivocada con su militancia, que lo correcto era lo contrario. Vino esa vez y no vino más. Después de un tiempo que me tuvieron ahí en esa habitación, me llevaron al altillo. Subí una escalera, me dijeron un número, que mi número era tal. Yo no recuerdo qué número era. Me dejaron ahí, en ese altillo. Había tabiques entre persona y persona, había muchas personas ahí. Me dejaron ahí, con un colchoncito, habré estado ahí 20 días en total, estuve desde el 24 hasta unos días antes de Navidad, no recuerdo qué día fue", declaró la testigo.

"En la parte de abajo, en la primera habitación, me picanearon, me sacaron la ropa y me pusieron la picana. Yo no recuerdo si era mientras estaba abajo o después, que un día también me sacaron a la noche, pasé por un galpón grande, me sacaron en auto y llegaron a un lugar y me cambiaron de auto. Después fuimos para Escalada y Av. del Trabajo, donde mi marido militaba, para que yo dijera si conocía a alguien de ahí, que marcara casas. Después me volvieron a llevar allá y otro día me sacaron de día para ir a firmar la venta de mi casa, que estaba a nombre mío solo", sostuvo Margarita.     

Los hijos de Margarita y Héctor, Martín Gustavo y Juan Manuel, tenían dos años y nueve meses y seis años, respectivamente, cuando presenciaron el secuestro de su madre y su padre fue asesinado. 

El testimonio de Alberto Enrique Ianelli, testigo por los vuelos de la muerte

"Ormello fue compañero mío en Aerolíneas Argentinas", dijo el testigo acerca del imputado. Ianelli dijo que trabajó en la empresa desde 1981 al 2001. 

"Nosotros estábamos trabajando en el hangar 2 de Aerolíneas Argentinas en Ezeiza. Yo pertenecía a la dotación de Aeroparque, recorridas mayores. En ese momento, nosotros estábamos trabajando en la cola de un F28, desmontándola, y llegó el horario del refrigerio y el encargado nos pidió que continuáramos, porque la cola se había enganchado con una grúa para desmontarla. El resto de mis compañeros se fue a hacer el refrigerio y quedamos cinco o seis, más o menos, desarmando la cola. El resto tuvo el refrigerio, que creo que fue alrededor de las diez y media de la mañana. Cuando nosotros bajamos, porque terminamos la tarea esa, alrededor de las doce, el encargado nos dijo: ´Bueno, muchachos, vamos a hacer el refrigerio´. Bajamos la cola de ese avión, fuimos a tomar el refrigerio y había dos o tres compañeros que habían quedado del refrigerio que tuvieron y ahí nos comentaron que el señor Ormello había estado en los famosos vuelos de la muerte. Los que estábamos ahí nos quedamos sorprendidos, porque no nos imaginábamos que teníamos un compañero así, de esa magnitud. Con el tiempo, nos enteramos de que él se fue al sur o a Mar del Plata a una escala y después, pasado un tiempo, unos años, nos enteramos de que él había renunciado porque se había abierto la vacante para ocupar ese lugar al que él renunció. Después nos enteramos por gente que estaba trabajando en la CONADEP, ex compañeros míos, que él estaba fugado de la Justicia, pero nadie sabía su ubicación. En el 2010 yo vine a declarar acá y es lo que estoy haciendo".

Próxima audiencia

El juicio continuará el 10 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales. 

 

 

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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