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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


18 11 2013
“En el Espacio Memoria debemos reivindicar la alegría y la militancia de nuestros compañeros”

Graciela Lois, integrante de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, recuerda el recurso de amparo que presentó junto a Laura Bonaparte en 1998 y que logró frenar el decreto de Carlos Menem que buscaba la demolición de los edificios de la ESMA.


Graciela Lois era militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y estudiaba Arquitectura, cuando un grupo de tareas de la ESMA secuestró a su marido, Ricardo Lois, entre otros 115 estudiantes y docentes de esa facultad desaparecidos durante la dictadura.

Actual integrante de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Graciela fue una de las impulsoras de los juicios de lesa humanidad en España. Junto a la Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora Laura Bonaparte –fallecida el 23 de junio de 2013- presentó un recurso de amparo que impidió privatizar y demoler los edificios de la ESMA, cuando un decreto del ex presidente Carlos Menem, firmado el 6 de enero de 1998, dispuso convertir el predio en un “monumento símbolo de la unión nacional”. Algunos anuncios en los diarios de la época dejaron en evidencia que, detrás de la iniciativa menemista, se escondía en realidad un negocio inmobiliario: las torres que comenzaban a construirse en esos años sobre Avenida del Libertador, frente al predio de la ESMA, se proyectaban con vista al río y a un parque de más de 17 hectáreas sin edificaciones.

“Era clarísimo que estaban vaciando el lugar. Se estaban yendo todos a Río Santiago e iban a tirar los edificios para hacer un emprendimiento inmobiliario. No podíamos permitir que eso pasara”, cuenta Graciela.

¿Cómo tomaron la decisión de presentar un recurso de amparo para imposibilitar la demolición de la ESMA?

Fue Laura la que me contó que se había firmado ese decreto y que querían destruir la ESMA. “Tenemos que hacer algo”, me dijo. Ella no sabía adónde habían estado detenidos sus hijos, pero yo sí sabía que Ricardo había estado en la ESMA. Hablamos con nuestros abogados y empezamos a hacer consultas con los organismos, que tenían la idea de hacer una medida de no innovar. Pero si nos la rechazaban, corríamos el riesgo de no poder presentar el amparo. Con Laura lo meditamos y decidimos hacerlo solas. El mismo día que salió el decreto publicado en el Boletín Oficial, lo recortamos y lo adjuntamos al escrito que presentaron los abogados. 

Cuando presentaron el amparo, ¿previeron la importancia que tendría la preservación del lugar como prueba para la Justicia?

Sí, lo hicimos con ese fin. En el amparo decía que el objetivo era que el predio se preservara como prueba judicial para conocer el destino de los desaparecidos que habían pasado por este lugar y, además, según las caracterizaciones de la UNESCO, establecía que era un sitio histórico y reconocía el derecho que teníamos a conocer la verdad.

¿Cómo consiguieron luego hacer una inspección en el centro clandestino?

Después del revuelo que se armó con la presentación del amparo, el diario La Nación empezó a hacer entrevistas a los vecinos del barrio que reconocieron que veían por la noche salir autos, camionetas y mucho movimiento, y que se estaba vaciando el lugar. Recortamos la noticia y ahí mismo interpusimos una medida de inspección, porque teníamos miedo de que se estuvieran llevando cosas que pudieran constituir prueba. De hecho, eso estaba pasando. Al mes siguiente nos presentamos para la inspección. Vinieron las camaristas María Garzón de Conte Grand y Marta Herrera, dos mujeres pro militares impresionantes; y nos acompañaron quien era el defensor del pueblo en ese momento, Antonio Cartañá, los legisladores Alfredo Bravo y Jorge Rivas, que habían adherido a la causa. Entonces, entramos Laura y yo, junto con ellos y nuestros dos abogados. No nos dejaron entrar con nadie que hubiera estado detenido en la ESMA. 

¿Cómo fue ese primer ingreso al predio?

Entramos por la que hoy es la entrada oficial, sobre Avenida del Libertador. Adentro, estaba repleto de policías y oficiales de la Marina y, en la calle, de organismos y medios de todo el mundo, hasta la CNN había venido. Nos llevaron a la que era la Plaza de Armas de la ESMA y, parados alrededor del mástil, nos empezaron a explicar que esa era la Plaza de Armas, el mástil, la bandera… En un momento me cansé y les dije que no era una visita escolar, que estábamos inspeccionando el lugar. Estaba el almirante Joaquín Stella y toda la plana mayor. Finalmente nos llevaron al Casino de Oficiales, entramos por la parte de atrás, para que no nos viera la gente que nos iba siguiendo desde la calle. Nos mostraron el comedor, que lo habían armado como si fueran a comer en ese momento, con servilletas, copas. Nos escenificaron todo, estacionaron los Falcon, dispusieron gente como si estuviera trabajando en los edificios, armaron un escenario total para mostrar que estaba todo ocupado. Incluso, nos tabicaron el lugar, nos armaron un recorrido y nos hicieron dar vueltas para marearnos. Por eso la segunda vez que entré al predio me sentía perdida, porque nos habían cambiado el recorrido, había cosas que no había visto la primera vez. 

¿Pudieron ir a “capucha” y al sótano?

Todo el tiempo pedíamos que nos llevaran ahí. Al final, subimos por la escalera principal del Casino mientras nos mostraban adónde dormían los oficiales, hasta que llegamos a “Capucha”. Había un montón de elásticos de camas, de metal oxidado, apoyados contra la pared. Había vidrios rotos, palomas muertas, estaba todo sucio. Cuando subimos a “Capuchita”, en la habitación que está al lado de la escalera se habían ocupado de limpiar algunos vidrios para que uno pudiera ver para adentro. Habían puesto una caja de embalar de madera con ropa de mujer adentro. Y arriba de todo habían dejado una prenda tejida de color rosa. Era otra de las cosas que escenificaron, porque es obvio que estos tipos no saben lo que es el desorden, y tampoco había mujeres en ese lugar. Eso fue algo que me impresionó muchísimo.

¿Al sótano no las llevaron?

No. Había una puerta con un tipo inmenso parado adelante, firme. Yo lo quería mover para poder entrar, y el tipo estaba plantado como si fuera una piedra y no me dejó ni tocar esa puerta. Le decíamos “¿qué hay acá?”, y las camaristas nos apuraban, “vamos, vamos”, porque no querían que preguntáramos nada.

¿Las camaristas nos las dejaban preguntar?

Exactamente, las camaristas. No querían que nos dispersáramos, que preguntáramos, que nos fuéramos por otro camino. Incluso cuando pedimos ver “Capucha” y “Capuchita”, las camaristas nos callaron: “No pueden decir eso”. ¿Y cómo les íbamos a decir si eran los nombres que conocíamos? Nos tenían rajando. Iban llevándonos por donde nos guiaban los militares. En ningún momento escucharon nuestro reclamo ni los de nuestros abogados. No teníamos apoyo de parte de ellas. Nos llevaban como visita de japoneses. Nos quedamos con ganas de ver qué había del otro lado de la puerta que, sospecho, sería una escalera para bajar al sótano. No pudimos tampoco ver la pieza de las embarazadas. Tenía una rabia adentro, unas ganas de gritar, pero me tenía que contener.

¿Cuáles eran tus sensaciones en ese momento?

Me pasaron muchas cosas. Por suerte, Laura era más alta que yo y se paraba adelante mío para que no viera algunas cosas. En un momento me largué a llorar, me dio la espalda para taparme y me dijo muy seria: “No llores, no tienen que verte ni una lágrima”. Salimos todos de ahí con la cara transformada, estábamos amarillos, muy mal. Me cambió el metabolismo a partir de ese día. Tuve problemas de presión, de tiroides, tenía veinte kilos menos en aquel tiempo, fue un shock muy grave el que tuvimos todos ahí adentro. 

¿Quince años después, como es entrar a la ex ESMA todas las semanas?

Es divertido, es el mejor día de mi vida. Cuando nos  juntamos en el Espacio Memoria los representantes de los organismos para la reunión de Directorio, todos sentimos que es el mejor día de la semana. ¿Viste cómo se reconvierten las cosas? Ahora entro acá y siento que es mi casa. Ya no  es lo mismo que la primera vez. Tal vez si hubiera estado detenida en ese sótano, no sé lo que pensaría o lo que sentiría al volver a entrar a este lugar. Pero el Espacio Memoria es hoy lo que yo quería que fuera. Lo que estamos construyendo en este lugar es una reivindicación para nuestros compañeros. Así como está hoy, lleno de juventud, lleno de vida, es el camino que tiene que tener esto. Porque no podemos convertir el predio en el recuerdo de la muerte o en un cementerio. Este lugar tiene que ser exactamente al revés, y reivindicar la alegría de nuestros compañeros, el compromiso y la militancia. Si no es así, sinceramente, prefiero que todo esto se caiga.

 

“DESPUÉS DE DECLARAR ME SAQUÉ COMO TREINTA AÑOS DE ENCIMA”

“Yo hice una promesa: que iba a averiguar qué había pasado con mis compañeros, entre ellos, Ricardo –dice Graciela-. De alguna manera la cumplí el día que declaré en el juicio y pude mencionar el caso de todos los compañeros de Arquitectura y reconstruir la caída del grupo.” Graciela declaró en mayo pasado como víctima y testigo del secuestro de su marido desaparecido, en el marco del tercer juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA. A través de la proyección de fotografías, en la audiencia también pudo recordar –y poner rostro- a sus compañeros desaparecidos por la última dictadura: un grupo de militantes y estudiantes de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la UBA. “Después de declarar me saqué como treinta kilos de encima y treinta años de haber pensado que, a lo mejor, nunca llegaría ese día”, reconoce.

A Ricardo le faltaban sólo tres materias para recibirse de arquitecto. En los años de carrera empezó a militar en la JUP y allí la conoció a Graciela. Sus vidas quedaron unidas por una noche de charla en una toma en la facultad. Tres meses después se casaron y tuvieron una hija: María Victoria. Ricardo tenía 24 años cuando fue secuestrado por un grupo de tareas de la ESMA, el 7 de noviembre de 1976.

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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